Libro: SILVAS DE MI SELVA EN OCASO

 

 Julie Sopetrán 

 Ediciones Torremozas 1985
Número 24
Introducción: Aurora de Albornoz –  ISBN: 84-86072-30-1 

 

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APUNTES 

 Escribí este libro en Sopetrán, observando, viviendo y sintiendo los atardeceres de un lugar que me vio crecer.
Las puestas de sol me fascinaban en un paisaje castellano, para muchos, desconocido. Puedo decir que es un libro nacido de la tierra y del sentimiento, del entusiasmo por crear y recrear lo vivido día a día en mi adolescencia. Los paseos frente al ocaso, el ver y contemplar como se borra cada día en la aparente monotonía de Castilla.

    

 
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Es un libro de la tierra en consonancia con el arte, con ese deseo de pintar que también, en algún momento, siente el poeta. Porque la poesía es una pintura que tiene voz. Porque la voz interior es esa pintura que se extiende en versos tan sólo con mirar los colores de un atardecer.
Vivía y trabajaba en Madrid, cuando publiqué este libro. Pero todos los fines de semana los pasaba en Sopetrán con mis padres.  Yo residía por entonces en La Guindalera, en la calle Méjico número 15, de Madrid; mi vecina era la escritora Aurora de Albornoz, con la que conversaba mucho de poesía, de poetas, de ambientes literarios, de viajes, de exilios, de posguerras. A través suyo, conocí a Pepe Hierro, a Gloria Fuertes, a su sobrino, Premio Nóbel de Medicina, Severo Ochoa, con el que tuve el placer de compartir un almuerzo en la casa de Aurora de la calle Méjico, donde él venía de vez en cuando a conversar con ella. Conocí a bastante gente relacionada con la literatura.
Ya había terminado mi libro: Silvas de mi selva en ocaso, y me atreví a enseñárselo, por entonces Luzmaría Jiménez Faro y Antonio Porpetta, dueños de Editorial Torremozas, que ya habían contactado conmigo para la publicación de este libro en su colección de Poesía de Mujeres, tanto noveles como consagradas.  Cuando les hablé que Aurora, que además de vecina, era amiga y, les dije que le había dado el libro con intención de que me diera una primera opinión de lectura antes de publicarlo, -y también por saber si el trabajo era publicable- Luzmaría y Antonio, se entusiasmaron, pensando que Aurora podría ser la persona idónea que me hiciera el prólogo, dado su prestigio como crítica literaria.
Pasó un tiempo y no quise forzar dicha lectura. Hasta que un día Aurora me dijo que ya lo había leído y quería hablarme del trabajo realizado. Fue entonces cuando me dijo que el libro le había gustado mucho y lo veía publicable, le propuse que me escribiera ella el prólogo y lo aceptó sin excusa. Pienso que no se comprometió demasiado conmigo, pero era normal yo estaba dando mis primeros pasos y ella era una escritora muy conocida. Fue más que suficiente en aquellos inicios de mi poética. Pues todo esto sucedió cuando Aurora todavía no me conocía demasiado. Y cuando nuestra amistad no era tan entrañable como lo fue después. Cuando murió, yo fui una de esas pocas personas que estaba a su lado. Y ella murió antes que su mamá, que tenía cerca los cien años.
Después de escribir este libro, sentí una gran necesidad de pintar. Una tarde, entré en una tienda de arte y compré los colores de óleo que quería usar, casi todos marrones en distintas tonalidades, una espátula, un lienzo, no demasiado grande, y algún aceite. Recuerdo que aquel fin de semana, a las dos de la mañana y con una vela, ya que no teníamos luz eléctrica en el campo, me entusiasmé con la pintura y convertí mi cuarto en auténtica paleta de colores. Desde aquel día habré pintado más de doscientos cuadros, de los que conservo dos o tres, todos se los llevaron mis amigos o aquellas personas que me decían que les gustaba lo que hacía. Vendí alguno, pero eso sí, nunca me propuse estudiar nada relacionado con la pintura. Toda mi experiencia es espontánea, completamente abstracta. Interesándome especialmente por los colores y las impresiones que las mezclas producen. Luego pasé a pintar cuadros más grandes y puedo decir que, a este libro le debo mi contacto con ese otro mundo tan cercano a la poesía como es la pintura.
No me considero artista, conozco mis limitaciones “ilimitadas” y me considero una atrevida a la hora de exponer aquello que me inspira el instante en color.
Siempre me apasionó el estudio de la métrica, y quise titular este libro con el nombre de silvas porque fue un experimento en mi poética, mi interpretación de la silva en la selva de ocaso, el atardecer, la mezcla de colores sin límite. La primera edición de este libro salió en Septiembre de 1985. Ediciones Torremozas. Un libro que se agotó inmediatamente y aún conservo un ejemplar.  

 

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Así era yo en la foto que se publicó en este libro.  Hay una pequeña reseña donde dice: “Julie Sopetrán nace en Mohernando, provincia de Guadalajara. Ha residido durante diez años en los Estados Unidos. Ha publicado hasta la fecha, tres libros de poesía: “Amorismos” “Un siglo en Atherton” y “Polvo luminoso” (edición bilingüe).
Y a continuación Aurora de Albornoz firma el prólogo que titula:
 

 PALABRAS ANTE UNAS PALABRAS 

 Hace ya más de un siglo, los ojos de los pintores impresionistas se abrieron para pintar luces, sombras, colores o matices cambiantes, tal como sus miradas los percibían. Y así, mirando con ojos nuevos, llegaron a ver más hondo; a captar lo oculto para las miradas de los otros. Los poetas aprendieron la lección, profundizaron en ella y, en algún caso, fueron más lejos ya que la poesía, o ya que por la poesía es posible no sólo ver, sino además, oír, oler…Desde hace un siglo por lo menos, cuando el poeta se sitúa ante un paisaje, mira, oye, huele… Esta afirmación, válida –me parece— si  hablamos de la poesía actual, sirve para entender mejor la de los creadores de la poesía moderna (nuestros abuelos). Ellos, los simbolistas de finales del siglo pasado –o, ateniéndonos a nuestra literatura, los líricos modernistas—expresaron magistralmente esa sensorialidad que no se agota e sí misma; ellos percibieron el misterioso hilo que les unía a las cosas –árbol, flor o nube, si de naturaleza hablamos–; intuyeron que cada cosa tiene un alma; que cada cosa—agua o brizna de hierba—posee un lenguaje de secretos signos… Y nosotros, herederos de ellos, aunque el hecho nos pase desapercibido, sabemos –como ellos—que es preciso agudizar todos los sentidos porque son los sentidos el camino que lleva al sentimiento. ¿Lo saben, así tan objetivamente, los poetas de hoy?, ¿lo intuyen?, ¿lo ha pensado Julie Sopetrán, quien, sin duda, ha elegido esa vía de conocimiento para entenderse y entender a las cosas que ama? Ignoro si lo ha pensado, pero ahí está su libro-poema, estas silvas que, desde el comienzo nos hacen ir viendo –sin prescindir de olores, sonidos o sensaciones táctiles—un espacio lleno de cosas –de elementos de la naturaleza—que nuestros ojos recrean. No somos aquí meros espectadores; más bien: vemos, entramos, y, finalmente, sentimos: sentimos que un cuadro, o varios cuadros superpuestos, se han ido haciendo ante nosotros que, siguiendo los trazos –los versos—de la poetisa, caminamos, contemplamos, descansamos. Y, con ella, participamos en ese diálogo con las cosas, traducido en palabras.Palabras que componen un “libro-poema”, o “poema-libro”, más bien que un “libro de poemas”.  Porque indudablemente, la unidad del conjunto llama la atención desde la primera lectura. No se nos puede escapar el hecho de que el texto inicial –Lienzo— podría ser subtitulado: Prólogo. En él, la poetisa nos sugiere no sólo el tema del conjunto, sino, además, el tono: tono ligeramente nostálgico –nunca triste–, contenido y emocionado a un tiempo.El “poema-libro” tiene un desarrollo sin duda bien estudiado: el cuadro-de-alma que la poetisa va trazando necesita, al comienzo, los elementos materiales para la construcción –“pinceles-árboles”, paleta, etc.–; al poseer los materiales la creadora intenta esbozar ya “retablos”, ya “bodegones”, ya “murales”,… (como indican los títulos de varios poemas); pero, no conforme aún con esto, desea ver e interpretar lo visto de acuerdo con diversas escuelas pictóricas (Impresionismo, Expresionismo, Cubismo… se llaman algunos de esos fragmentos). Todo concluye en un texto final: Copia (que podría rebautizarse: Epílogo). Interesante epílogo o conclusión, sugeridor de varias posibles lecturas.  Obviamente “copia” en su sentido literal: hablando en términos pictóricos, reproducción de algo ya creado. Más, la ubicación del poema –cerrando el conjunto—tiene un claro sentido: el libro escrito, este que la autora titula Silvas de mi selva en ocaso, se transforma, en su totalidad, en “copia” de la parcela de la naturaleza, creada antes que el libro y en él reproducida; un paso más, y sin forzar interpretaciones, fácilmente podríamos concluir que todo arte es “copia”: copia de la vida. Aún cabe aventurar una lectura más profunda: en la cosmovisión de Julie Sopetrán creo advertir algo como una herencia –tal vez subconsciente—de ideas neoplatónicas: las cosas que ve acaso son mero reflejo de realidades esenciales, que la palabra intenta parcialmente develar.A pesar de la pintura, me he referido siempre a “poema-libro” y no a “poema cuadro” (o cuadros). Y ello, porque la obra pictórica es siempre espacial sólo. No así la poesía; no así este “cuadro” (cuadros), “con el tiempo dentro” –dicho en palabras de Juan Ramón–. Cuadro (cuadros) que escapa de su marco para ir hacia un pasado o un presente en continuo fluir: “viendo pasar al Sol por mi memoria”… “no se puede despintar al tiempo”… “han quedado grabados/en madera de tiempo”…Como estas líneas no pretenden ser una “crítica”, dejo a los críticos posibles la oportunidad de detenerse en temas tales como la reflexión sobre poesía –explícita en algún texto—o en notas tan interesantes como ese vocabulario, rico en términos auténticamente “populares”. Que ellos –los críticos posibles—y, sobre todo, los lectores de poesía, descubran por su cuenta la que hoy entrega Julie Sopetrán.

Aurora de Albornoz

                                                                              

 La luz del ocaso ilumina mi alma 

  

LIENZO 

 ¿No te he contado nunca
que arriba sobre el cerro
hay un estanque de agua?
Ahora en invierno es tela
donde dibujo el llanto:
pañuelo transparente,
aceitunado,
que envuelve en sus encajes
este dolor de soledad que espanta.
En estas tardes lóbregas
cuando el sueño se pierde en red de pájaros
subo con mis pinturas
y en la tela de cáñamo y de charca
emborrono mi espíritu
y perdida entre el musgo
viendo pasar el Sol por mi memoria
espero a que florezca el firmamento
para mostrar al hacedor mi sarga. 

 PINCELES 

 Son mangos de madera
que están pintando luz
y cielo y fuego y mar.
Son árboles plantados a destiempo
que crecieron rebeldes
tan sólo por vivir de su hermosura.
Son cipreses esbeltos
describiendo la vida en bodegón.
Son cedros resaltando
lo agradable y lo bello.
Son acacias buscando blanco y rosa.
Son robles duros describiendo estepas.
Son abetos pintando horizontal
el sueño de mi barro.
Son chopos amarillos
plasmando los relieves.
Son olmos envolviendo entre sus brazos
el surco quebrajoso.
Son álamos gigantes
definiendo la gama
del impacto que logran los matices.
 

 PALETA 

 Mil colores sin luz se han derretido
en el hielo manchado de mi aljibe,
cetrinos montes, herbazales secos,
marrones mantas, amarillas vegas,
lomas de cera, grises,
azul marino en cerro
y un malva oscuro recostado en alma
de montaña apacible.
Campo de hornada luz iridiscente,
Sol libando agua dulce
mezcla de palpitar y de tiniebla,
fusión vertida en ondulado lecho
leche de Sol amamantando brisa
en mis labios saciados
y el color de la tarde
en dádiva amorosa
acumulado en beso de silencio
se desborda en besanas
hasta pintar de corazón las horas.
 

 PERSPECTIVA 

 Seguro que hay un alma
en cada forma austera,
un proyecto divino que coordina
los puntos con la línea del espacio
donde mi cuerpo vuelve,
vaga, regresa y torna
en vuelta de dibujo.
Un eje en simetría
de palabras que vuelan
alrededor del páramo,
ordenación que traza
colores y presencias,
emociones unidas en un plano
y el aspecto encajando en la belleza.
La luz del fondo una vez más se marcha
y queda una pirámide desnuda,
en ella el árbol, la montaña, el cuerpo
en dispersión de campo
muestran el cuadro bélico
de la esperanza recostada en llamas.
 

 LUZ 

 Hoy no me has preguntado
si está llorando el río,
si entre los chopos secos
se ha quedado la niebla
envolviendo los partos en los nidos:
Te diré que hoy no hay nubes
que todo es blanco y fresco
que el Sol entero cruza el horizonte
con la sonrisa halada
con que imparten los dioses su alegría.
La pintura es el verso
latiendo en el paisaje,
adorno florecido en la palabra
como tú y yo sabemos…
Hoy es luz la caricia
del verbo que respiro entre los yermos
y es rayo este raigón de melodía
esparcido como agua
pensada en soledad.
la metáfora es lumbre
y llama la expresión de este minuto
y es símbolo que irradia
de luz, un campo en versos.
Sí, es Castilla vibrando sentenciosa
y es mi Quitote en inspirado duelo
batiendo al Sol con su amorosa lanza.
 

 BOCETO 

 Cruzaron las palomas
al campanario de ladrillo rojo
y en sus alas se reclinó el silencio.
Un rayo iluminaba el camposanto
abrazando las cruces y los nichos.
Emborronaba sendas
una luciérnaga paseando el cieno,
su luz fosforescente
compitiendo con todos los albores
era el mejor apunte de l tarde.
Bullían entre las ramas de las jaras
los lenguajes de los gorriones pardos,
trazos inconfundibles
hechos a tinta en borrador secreto;
¡imposible borrar!
más imposible dibujar el sueño
retenido en los ojos.
El rebaño llegaba a su tinado
y un campesino castellano, serio,
dejaba en la cañada
el indeleble apunte
que diseña el instante,
hubo un artista que intentó borrarlo
más, no se puede, despintar el tiempo.
 

 PERFIL 

 Difusa la blancura
y el color de los cerros
vertido en Ocejón (*)
Siguiendo van mis pasos
esa luz que reposa en el perfil,
polvo de un fondo en flor
proyectándose en formas.
Dos aspas de molino
rompiendo mi latido,
fuego mi sangre en el morral de Sancho,
harina la esperanza,
sueño en polvo esparcido el corazón.
Suavidades del alma entre los rasos
que recubren los bordes de mi España.
El Sol detrás de todos los adornos
y un retoque de flechas, luz y sombra,
pulsando la aureola
de cada sustantivo.
He calcado los lados de tu cara
en tapiz terrenal:
dulzura iluminada
envolviendo tristeza.
¡Qué momento divino
el de la sombra en luz
que luz de sombra imprime!

 _____________
* Pico de Ocejón, Sierra de Guadalajara. Valverde de los Arroyos. España.
 

PINTOR 

Noviembre. Campesino.
Dios que puede
tocar toda la tierra con un soplo
de luz y de color,
sus manos arrugadas,
curtido el gesto, el pantalón de pana
y la gorra abrigando su semblante.
Noviembre con sus treinta
pinturas diferentes
y un dibujo de surcos paralelos
expuesto en el paisaje.
Noviembre. Campesino
y Dios quedándose
en la reja de acero,
en los remiendos pardos,
en todos los colores
húmedos, fríos, serenamente pálidos
de besanas y valles.
Pintor. Trinidad. Alma
de la blanca montaña
y los anteados huertos
de las tardes distantes
y las grises auroras,
de los atardeceres
y las noches oscuras.
Noviembre. Campesino.
Dios de flores
roja-amarilla luz de los placeres
en esta hermosa calma
donde el tiempo y el hombre son lo mismo.
Pintor de las eternas soledades,
constante innovador
que pintas el alma en los marrones claros,
con tu estilo amorista
añades la palabra
a estas silvas en selva de mi ocaso.
 

RETABLO 

Si supieras qué histórica la tarde
qué de sucesos en un pasar de aves
y otra puesta de Sol tan diferente…
Hoy no es nada redondo
ni siquiera la Mancha Luminosa
que se adhiere a la nieve en mano pálida.
El rebaño que pasa más ligero
y el labrador llegando del trabajo.
Es historia la piedra en la parcela
y el palomar y el arroyuelo y todo,
hasta el camino estrecho
que llega hasta el redil
y sigue, en cinta unida a mil cadenas,
la senda que da al río.
Si supieras, que me parece crónica
la oratoria del agua entre los juncos
y el sovoz de la brisa
besándome la piel.
Todo es conjunto ornamental en curva
cargado en orladuras y oropeles,
el altar de los árboles, desnudo,
cuando la nube es cáliz
y el Sol Hostia partida,
cuando siento en mis manos
el palpitar divino
en comunión humana.
Si supieras que todos los detalles
han quedado grabados
en madera de tiempo
para que tú los mires
y comulgues conmigo mi paisaje.
 

BODEGÓN 

Copa de vino el alma
en la tarde de rosas y de musas.
Frutero la montaña.
Vaso de barro el palomar que oteo
y mis versos racimos
y manzana madura la palabra.
El pensamiento, mesa de madera de olivo.
Mantel bordado en llama de penumbra
la tierra de mi Patria.
La pasión depurada en el cristal
y la sangre de parra en sementera,
apariencia de muerte
sobre el tapete gualda.
El Sol acariciando el barro húmedo
dulzor del aire en el sabor que embriaga.
En una esquina, esbelto,
el grajo de mi Alcarria,
disecada su vuelo,
su palabra de monje, silenciosa,
entre su pico rojo palpitando
su voz y mi andadura.
Todo parado en fruto,
estático el momento
y la ansiedad del corazón saciada.

MURAL 

No hay paredes que cubran el silencio
y todo es paz creciendo en soledades:
llanos secos sin lágrimas
codornices cantando
y gorriones humildes
en su pasar de siglos.
Ya no hay halcones en las tierras altas
ya no me alegra el ruiseñor de infancia.
Deshabitado el pueblo,
poblado el cementerio,
mi piel, sólo mi piel
y el viento de la tarde sin abrigo.
En vivo el Sol pintado
sobre el pecho sensible de mi vuelo
y la nube pintada
con bermellón cinabrio
y los rayos partidos
y un frescor sonrosado
endulzando mi boca…
La luz toda en mis ojos
lo mismo que una brocha
manchando el paredón de mi ceguera,
haciendo una hendidura en mi retina
y secándome el llanto.
 

ACUARELA 

Era una tarde humedecida y clara
suspendida en el aire.
Salí sola hacia el huerto,
anduve los caminos
de mi campo lluvioso, limpio y fuerte.
Un contacto de brisa
onduló mis arrugas;
todo plano, ni un alma en los caminos,
todo escuchando un murmurar de tierra,
un susurro de lluvia
en silencio de nube.
Las gotas de aguaviento deshaciéndose
y al fondo en perspectiva,
lejos, en movimiento,
la montaña nevada, cristalina,
iluminada en un albor de rayo,
translúcido su rostro
y un Sol rosa mimándola
con fervoroso tanto.
 

CLAROSCURO 
Te contaré  cómo suena la paz
en estos lares vivos
que muchos llaman “muertos”.
Se ven siete montañas
desde mi alberca pura
y el campo de un color de invierno fresco
que afina los sentidos.
Distribución de llanto
llamo yo a este dolor
agamuzado a golpe
de reja y labrantío.
Amarillo quemado de cebada
y un color luz y sombra
distribuyendo paz en ocre altivo.
Y las siete montañas
con los siete colores de tu alma
iluminadas por la Luz del Astro
esta tarde de sueño y de locura,
ellas, las siete, desde su marco rojo,
han donado su sangre de amapola
a este suspiro hondo
que antes de morir quiere
darte la luz hermosa de la tarde.
 

 

RETRATO 

No podría decirte si eras tú o el viento.
Era un atardecer
púrpura, cuando el sol se ríe de sí mismo.
Salí en busca del último detalle,
las ruinas del convento
me llevaron a un portavoz de invierno.
Tus ojos eran luz
tus manos terciopelo,
tu boca era una llama
tu nariz una sombra
y tu barbilla nido
y tu mirada sueño…
Tu piel barquilla suave,
tu efigie, mar sereno,
tu frente una parcela,
tus dientes eran mármol,
tus cejas mariposas
y tus pestañas hilos.
El fondo era de piedra,
la apariencia, de siglos,
admiré en el semblante
tu sonrisa de luna
que se me fue borrando
hasta quedarse sola
la línea que divide
tu ausencia y mi destino.
 

MARINA 

Hoy vi el mar tierra adentro
saciado de milagros,
añil el agua, verde gris la túnica.
Y no hay mar en Castilla
y lo estoy viendo al fondo remarcado:
las algas son de tierra,
las olas de chubasco
y la barquilla aquella
que me lleva a la orilla de mi queja:
roja, divina, dulce…
escalera navegando a un faro.
El mar: qué tierna ondulación de brisa
y sal y arena y concha,
qué dúctil viento en tacto de bonanza
y el recuerdo marcado en horizontes
y el corazón latiendo
en marítimo fuego anaranjado
y el insondable monte
en remolino anclado…
¡Mar de mi amor al borde
en las lomas del cielo castellano!
 

ÓLEO  

Hoy me dices que hay voz en el vacío.
Voz que vuela en parcelas brasiladas
y se para en la puerta de mi sueño.
Voz de materia envuelta
entre el aceite crudo de aceituna
y el almendro y la viña,
voz en vuelo prensada,
metáfora académica en perfil
y en boca de silencio.
Trazos, adverbios, puntos
envolviendo las cromosferas cárdenas
de la tarde de invierno.
Oratoria en pintura
paisaje de cadencias ortográficas
despabilando al búho de mi pecho.
Ya la noche invadiendo, el Sol sin fuerza
la lluvia muerta al fondo
y los rebaños regresando al pueblo.
Ululación el llanto
la angustia amortajada,
los deseos afónicos
el viento entre la lengua
gritando la terrible
bravura de las olas y los bosques,
la ilusión sin perfume
en verdinegra muerte de gramáticas;
las niñas de mis ojos están solas
monologando vespertinos rezos
en romance vencidas.
Óleo difuminado en el vacío:
nuestras tardes sin voz en la palabra.
 

MINIATURA 

Sonaba la esperanza en los almendros.
El Sol se iba de viaje
con su maleta roja
remendada de nube.
Borracho el horizonte
y el vino derramado en trecho azul.
Todo en adiós vertido
todo a punto de llanto
que vi en los ojos de la tierra, el agua.
Diminutas caricias del ocaso
llevándose el camino
entre la oscura luz de mis sandalias.
Sosegado el almendro
y en esperanza el canto,
la luz disminuía esa canora voz
de ruiseñor, en miniatura de alma. 
 

DESNUDO 

Sabrás que hoy he sentido
todo desabrigado,
las chimeneas del pueblo sin resuello
el chopo calvo, el camino lloroso,
los surcos con un gesto estremecido,
los ladrillos del puente sin mantilla
y la piel de Castilla, sin harapos;
la luz del Sol helada,
cual si no derramara el llanto entero,
desnuda mujer la tierra, el hombre árbol,
las lomas pechos, los caminos labios,
los ríos muslos, sin faldas ni corpiños,
abierto el surco, el corazón latiendo,
la semilla esperando.
Desnuda el alma en el desnudo huerto.
Es el paisaje describiendo a gritos
el dulzor femenino de mis légamos,
la piel tostada en formas
tendida frente al olmo apasionado,
los detalles, sonrisa entrelazada,
sobre el gesto descrito en la caricia.
Sabrás que hoy he sentido
al cuerpo virgen de mi campo amando.
 

IMPRESIONISMO 

Te había dicho que me dolía el alma
que en ese instante de la tarde pura
apenas si podía
contemplar una flor.
Olvido la ilusión
y todo el sueño se me cae de pronto.
Mi sonrisa de tarde
tal vez se quede dulce y caprichosa
perdida en soledad
y un chaparro recoja en su paleta
su ternura escondida.
Te lo diré mañana
cuando regrese a contemplar la luz
si mi sonrisa se quedó en la selva
o terminó dormida
en la palabra ausente de un poeta.
 

EXPRESIONISMO 

Le he dado tu mirada al olmo seco
he recibido a cambio una sonrisa,
le hablé de las distancias
que separan al sueño del objeto.
El olmo, viejo y sabio
en su mano rugosa
posó mi pensamiento
y me mostró la fuerza
de su savia de niño.
Sentí un calor de invierno
quemando mis sentidos,
tu mirada en el olmo
era musgo encendido,
un revolar de nubes
y al fondo la memoria,
el Sol serenamente recostado,
con un gesto muy dulce
acaricié la frente
de este anciano señor de las estepas
y supe que era él mismo
tu mirada habitando en mi paisaje.
 

CUBISMO 

Las parcelas doradas
que vimos la otra tarde
desde el cerro ceniza,
visten blusas marrones, faldas rojas
y bufandas jaspeadas verde claro,
pequeños orbes son de terciopelo,
curvas de pensamiento en línea rosa,
ecos de voces vivas palpitando,
ruedas rotas de lágrima,
ovillos de esparto envolviendo tierra
entre los tallos secos,
glóbulos de sangre bajo un Sol roto
que recoge el suspiro de las venas redondas
donde apoyo mi brazo y mis sentidos.
Sola en el centro de Castilla y solo
nuestro Sol mirándonos
desde el lóbulo de una hoja de chopo
que resiste sus pasos a la tierra,
retrovisor espejo de llanuras
en sensación de círculo oscilando.
Las parcelas que vimos la otra tarde
están jugando al corro en soledad
muy dentro de mis ojos.
 

SIMBOLISMO 

Ya sabes que me gusta
caminar por el campo,
perderme entre romeros
y analizar las piedras
rodadas del camino.
Me senté en un ribazo de retamas
viendo pasar las horas
con el brillante Medallón al cuello.
Tú sabes cómo ansío
dar al Sol cada paso de mi vida
para que no se vaya
el momento sublime
cuando sangran los siglos
y el corazón no sabe
si su latido es suyo o de los dioses.
Cogí una piedra entre mi mano frágil
y la tiré al estanque:
en el agua temblaron las figuras
y en cada círculo estrené llavero.
Cerrada la inquietud, todo vencido,
logré parar el tiempo en curvatura:
sostuve en la emoción
luz recogida en piedra de dulzura
que guardé en mi Sagrario.
 

SURREALISMO 

El color era lumbre
de invierno en descampado,
escarlata el silencio
la tarde toda resumida en llama,
la tierra en palmatoria,
el árbol vela y su pabilo tránsito.
El alma recogida
y en oración quebrada la tristeza
yéndose todo en luz y yo quedándome
abrazada al almendro,
mi corazón tendido en una rama
mis brazos juntos, cerca
del resplandor divino,
mis pies al Norte; al Sur, mi sentimiento.
A trozos la emoción
la piel colgada a trozos en la rama,
iluminando todo,
nadie en el campo, sola,
un Reloj matemático en el cielo,
la tarde esmorecida,
asesinada al borde la sonrisa,
la esperanza sangrando
y en aliento del color rasgados,
todos los pensamientos.
 

REALISMO MÁGICO 

Los días pasan, mejor que yo lo sabes.
Hay momentos hadados
que se cruzan con la hora milenaria,
no sé si has percibido
cuando se rompe el día
y ves sólo una línea
de Sol en la montaña
y cruzan las palomas
por el último rayo
dibujando los arreboles, grises,
todo en trazo de dioses
sucediéndose en tramos,
cuando el árbol en perfil guarda silencio
y el hombre es gamo y la gacela lira
pautando la verdad en el sonoro
contraste de las huellas.
No sé si habrás notado
que es tan visible el hombre como el gamo
y el gamo como el hombre,
todo siempre en su forma:
líneas ilusionadas
temblando de tristeza y de alegría,
suspiro de la luz y la caricia,
gestos de cardos secos
reformando las sombras.
 

CARICATURA 

Hoy estuve pintándome a mí misma
rasgando en el papel todas mis formas
para mandarte un trazo.
Mi apariencia es de arcilla
y mi molde de incienso.
Tengo aspecto de páramo muy crudo
y estampa de silencio.
Mi contorno es de encina
con remate de fuego:
Mi pecho es cueva de arcos,
mi espalda: monasterio.
Mis ojos son dos álamos
multiplicando helechos.
Mi nariz, mariposa
pegada a los manojos del romero.
Me modela la tarde
el Sol es mi alfarero
y me palmea el viento
y me suaviza el campo
con su mano de seda.
Mi perfil multiforme
lo desdibuja el tiempo.
 

COPIA 

Copia la mosca el vuelo de la abeja
copia la nube de la blanca nieve
y copia el fuego al Sol
y el agua al viento y las horas al tiempo
y las palabras copian de los muertos
y los colores copian de las flores
y copia la amapola de la sangre
y el picaflor del ruiseñor la forma,
los pinos de los cedros,
los sueños de las aves,
las mariposas copian
el danzar de las olas
y copia el arroyuelo de las venas
y el llanto copia al llanto de los mares.
Copian las azucenas la pureza
y las rosas el rubro de la tarde,
copian el Poeta y el Pintor
y el Alfarero el Arte.
Copia un verbo a otro verbo.
una mano a otra mano,
un aliento a otro aliento
y copia el beso a la llama cuando arde.
Copia el paso del ritmo,
las voces del sonido,
la risa de los pájaros,
copia la muerte al árido esqueleto
y es un plagio de Sol la margarita
y una reproducción de cielo el mar.
Mi cuerpo es la barquilla
o el arado romano
arrinconado en el barroso surco.
Es réplica el amor de la alegría,
de ocaso y flor la tarde es testimonio.
Lluvia, lágrima y tragaluz en calco
son copia del dolor.
Todo es copia: hasta el Alma
que pareciera liberada en forma
y oculta en fantasía.
Ella es copia sagrada
y aún más, fotografía,
de esa Suprema Luz que nos hermana
en tiempo, espacio y vida.
 

  

 FIN

               


20 comentarios to “Libro: SILVAS DE MI SELVA EN OCASO”

  1. Arpon, eres muy generoso conmigo. Es un regalo tu lectura de mi poesía. Muchas gracias, amigo. Mi abrazo y agradecimiento.

  2. El agradecido soy yo por tener el gusto de conocer una gran escritora y gozar lo que escribes. Un gran honor comentar y recibir tus comentarios. Y, especialmente, muy agradecido por permitirme compartir tu literatura con el mundo que me rodea y lee.
    Un gran abrazo

  3. Muchas gracias Arpon Files, gracias por vuestra generosidad y lecturas. Mi agradecimiento y abrazo fuerte.

  4. Excelsitud en todo su esplendor!!

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  9. Hola Pilar, gracias por tus elogios, creo que no soy tan importante, pero gracias amiga.
    Rubén, gracias amigo, me alegra saber que te gusta mi poesía. Te mando un abrazo y gracias por tu comentario.

  10. JULIE: Me siento enorme el saberme amigo de una gran poetisa y excepcional persona
    es admirable la descripción y el sentimiento, ¡claro!, se necesita talento y leerte es un verdadero recreo y manantial donde abrevo, te mando una abrazo enorme hasta los huesos.

  11. NO ME CANSO DE LEERTE, Y CADA VEZ QUE LO HAGO..ES UN SOPLO DE FANTASÍA Y VITALIDAD.

    QUÉ GRAN POETA ERES. DESDE CANARIAS UN BESO ENORME.
    ERES LA MEJOR!!

  12. Hola Antonio, gracias por acercarte a mi selva… Te permito que utilices mi poesía y puedas combinar estilos y pintores/as en tu galería, es un honor para mi. Me siento agradecida. Un gran abrazo.

  13. Hola Julie Camino sobre las aguas, sigo tus pinceles y colores….
    Si me permites asociaré algunos de estas poesia con alguna obra de algun pintor/ra de los que voy poniendo en mi galeria virtual con los enlaces correspondientes.
    un gran abrazo

  14. MaBy, qué alegría encontrarte aquí, gracias amiga, mi agradecimiento es infinito. Te mando un fuerte abrazo.

  15. Hola Taty, me siento muy contenta al saber que te interesas por mi poesía y por mi pintura. Estoy de acuerdo contigo en que lo esencial es transmitir lo que sentimos, lo que nos inspira el paisaje o los sentimientos. Me encantará conocer tu pintura y yo también te prometo adentrarme en tu blog o en lo que tengas publicado. Gracias amiga. Agradezco mucho tu interés. Un fuerte abrazo.

  16. admirada Julie,
    su obRa es maGnifica y
    ademàs una peRsona exCepcioNal

    con cariÑo y agraDecimienTo
    mi saluDo juLie

    MaBy

  17. ¿Y también pintas?, era de suponer Julie, cuando ingresamos al mundo infinito de la creación todas las armas o elementos para acercarnos a lo que deseamos transmitir, nos parecen necesarias y atractivas…Yo también pinto, y creo que cuando escribo pincelo las imágenes, de esa manera logro lo que estalla en las sienes…
    El recorrido que hiciste por algunas corrientes pictóricas es sorprendente, se necesita tener el óleo, la trementina, el médium en las manos, para entender que esos aceites y mezclas nos llevan más allá de la realidad, nos instalan en una abstracción y libertad tan grande, que se puede escribir todo sin capitulación ni esquema…
    Muy bello Julie, todos los fines de semana me adentraré más en tus escritos.
    Un beso.

  18. Enjoying reading the posts here, thanks.

  19. ¡La más bonita exposición que he visitado! Además, con los mas variados estilos pictóricos. En ninguna visita guiada me han hecho comprender y ver toda la belleza, color, sentimientos del pintor, paisaje, luz, como ahora tú.
    Julie me ha entantado, conmovido e inquietado. Disfrutaré leyendoselo a mi padre.
    No se expresarte lo que siento. Precioso. Un beso.

  20. Qué buena idea, poner como Nuevos Lugares, un libro de poesía.
    Y más inspirado en la puesta de sol. Felicitaciones. José Luis

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