PROSAS Y COSAS

de Julie Sopetrán

 

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ESOS NIÑOS QUE SUFREN

 

TFN – En El Café Royale – Puerto de La Cruz.
Antítesis de orgía de eufemismos morales, intranquilizadores, de conciencias
sionístas Vs Plegaria.

 Vosotros:
Trileros de almas
negras
que ofrecéis,
balas por chuches
y “candies”.
Y “exocets” al cielorraso de saten
de las noches donde hubo,
fuegos
artificiales,
para ÉL.
Gentuza sucia e inmunda,
en moralidad, que le regaláis
jugueterías de cadáveres,
junto a hospitales de muertos
que se pudren, a la vera
de jardines secos
con margaritas putrefactas,
regadas con sangre de ÉL,
cerca del supuesto,
el mío no, vuestro:
El Reino de Los Cielos.
Que junto a cristales
de celofán,
bajo techumbres
de cartones,
que lo cobijan a ÉL,
moribundo, os digo:
Que no existe,
Ni Dios, ni Alá, ni Yahvé,
que permita que yo vea
mil salvas de genocidios morales,
para que sufráis en vuestras almas si las tenéis,
las llagas de ÉL, ametrallado:
Mi niño, sin culpa, palestino,
que en mis brazos …se me muere.

 ………………………………………………..

Porque:
si existe un Dios a lo visto,
va a tener que implorar
de rodillas,
que yo,
nosotros,
le perdonemos

©Alfonso José Sánchez Muñoz

ninos-y-guerras

Respuesta a mi amigo Alfonso:

Me preguntas si existe o no existe Dios o si lo veo o no lo veo
Te digo que procuro buscar a un dios que no sea humano
en esto, siempre prefiero lo desconocido
Me dices que “Dios tendrá que implorar de rodillas nuestro perdón”
por lo que pasa entre Israel y Palestina.
Y sientes que un niño palestino de esta guerra muere en tus brazos
Y me dejas pensando, amigo poeta:
No puedo juzgar nada, porque amo
Y sólo el amor puede salvar a este mundo de su hastío.
Y si a alguna religión le gustan los fuegos artificiales
es porque tal vez yo, tengo la mecha encendida para después mirar al cielo.
Y si cuando fulanito hablaba de este u otro dios
yo me arrodillo, y por eso, también tengo la culpa de tantos cadáveres.
Porque soy cobarde y me siento incapaz de gritar Amor a los cuatro vientos.
Y cuando disparan. Yo también muero…
Y si, las flores a María, ya huelen mal porque ya no hay jardines
ni tampoco sangre limpia para regar las rosas que tanto nos gustan
porque amamos la belleza y crecieron, para que tú las miraras conmigo.
Crecieron para ti, para mi, para los tan cultos y exhibicionistas dioses
que un día, habitaron el Olimpo y que ahora son Mito
como serán mañana, los que hoy quieren ser dioses.
Estoy de acuerdo que en toda religión, siempre Dios se muere de asco
como tú y como yo
que morimos en los supuestos reinos del desamparo y sin un sueldo fijo.
Pero los genocidios los creamos nosotros: los humanos. Aquí y ahora.
Somos pequeños seres ambiciosos que nos volvemos ciegos
cuando dejamos de amar.
Se nos caen los ojos por las inclinaciones y las propagandas
por las deformaciones que no suelen ser noticia
Existimos para evitar las guerras y tú y yo y todos, somos culpables de ellas.
¿Y por qué nos quedamos impasibles y no imploramos y gritamos
para que encarcelen a los corruptos?
¿Y por qué no pedimos justicia lo mismo que ellos libremente nos esclavizan
y crean las guerras para enriquecerse?
Vemos cómo hablan de paz y a la vez venden y compran armas.
Y no hablo de los dioses que supuestamente ya son ricos desde que nacieron
Hablo de ti, de mi, de nosotros, el pueblo sordo, mudo, desorganizado…
Todos somos culpables de estas falsas estructuras de gobiernos
que nos asisten, nos exprimen y nos van matando muy lentamente.
Y si, amigo, tú y yo tenemos en nuestros brazos, no a un niño palestino
tenemos a catorce mil niños ingresados a las filas de los grupos armados
en Colombia, donde los inocentes son combatientes y mueren desde 1964.
Y nos pesan esos niños de Afganistán que también están en guerra desde el 2001.
Y nos aplastan los brazos esos niños de Somalia
donde no pueden beber ni un vaso de agua potable y están en guerra desde 1988.
Nos destrozan la piel de los brazos esos niños de Argelia que sufren la guerra desde 1992.
¿Y qué me dices de los niños de Filipinas en constante guerra desde 1969?
O los de Birmania, que sufren y mueren niños
hasta más de un diez por ciento por la guerra.
Y esos niños de Chad, donde tampoco tienen acceso al agua potable,
en guerra desde el 2006 y en 2007
ya había más de diez mil niños soldados muriendo sin piedad.
En mis brazos, en los tuyos, también están los niños de Etiopía en guerra desde 2007.
Y los niños de la India en guerra desde 1967.
O los de Irak, muriendo desde el 2003.
Y no, no me olvido de los niños de Israel y Palestina, en guerra desde el año 2000.
(Por cierto, la guerra que más sale en la prensa ¿Por qué será?)
Pero recojamos a más niños que mueren, como los de Nigueria en guerra desde 2001.
O los niños de Pakistán naciendo y muriendo entre la metralla de la guerra también desde 2001.
¿Y qué me dices de la República del Congo, donde hay más de siete mil niños soldados desde 1998?
Y en Rusia que tampoco se queda atrás, niños en guerra desde 1999.
Y más niños que mueren y sufren en Sudán por la guerra desde 2003 donde son obligados
y reclutados para ser soldados desde los mismos campos de refugiados.
O en SRI Lanka, allí los niños están en guerra desde 1983 sobreviven a la pobreza.
O en Uganda, niños en guerra desde 1986, allí son raptados para ser carne de cañón
con una mortalidad de más del trece por ciento.
¿Y no te pesan en los brazos esos niños en guerra desde 2004 del Yemen?
No amigo, no es sólo en Palestina y con un niño en nuestros brazos
Son demasiados niños los que nos cubren la respiración, el habla, la existencia…
Son los niños de Juárez en México. Los que matan por nacer en el guerra…
Los niños de Brasil en las calles perdidos
Creo que son tantos, ellos, precisamente ellos, los niños
Los que verdaderamente deben perdonar a los dioses
o los dioses deben arrodillarse ante ellos
Pero también tienen que perdonarnos a nosotros
A ti, a mi, a los seres humanos que permitimos esta mala organización y esta locura.
Y sí, ojalá que algún dios, humano o divino
viniera a salvarnos a todos.

©Julie Sopetrán

 

 

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DESORIENTADA

Al pueblo se le caen los dientes de viejo. Cuatro piedras mordisquean el viento que pasa altivo. Mamá se fue a la ciudad en busca de pescado. La bicicleta en el portal de casa tiene hambre de rodar, las arañas tejen luminosidades entre las ruedas. Mi papá vendía sardinas iba de pueblo en pueblo. Pedaleaba los caminos para ganar una peseta sucia. Sus ojos parecían esmeraldas. A las chicas guapas les decía cosas que no se pueden contar. Muchos días me viene olor a mar con el recuerdo de Papá. Él también sabía moler el trigo. Los sueños del pueblo ya son hambre. Los graneros están desquebrajados. El púlpito de la iglesia está en ruinas, los curas ya no mientan mundos mágicos desde los tronos. Los cuervos destripan costumbres. Las calles tienen piedras, me perdí cuando iba al cementerio…    js©

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MARIPOSAS DE OTOÑO

Y tenía los ojos cerrados. Me hablaba de un árbol seco que parecía brotar en otoño. Sonreía, me decía que aprendiera a escuchar y él seguía con los ojos cerrados, se había guardado los oídos en el bolsillo. Lo quise despertar, pero no estaba dormido, se reía. Me asusté. ¿Se habrían vuelto locas mis manos? Dejé de hablar y seguí los movimientos como si de otro lenguaje se tratara. Él seguía con los ojos cerrados. Dibujé el silencio en el aire…  Escuché aplausos, pero no,  era el murmullo de las mariposas que buscaban la calma de sus ojos… ©js

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EL CALOR DE LA SOMBRA

Era él. Se anudó los zapatos con las cintas rosadas del amanecer. Las legañas le hicieron tirabuzones en la mirada y no tuvo más remedio que restregarse la pereza por la cara. Bajó las escaleras descalzo con el pijama al hombro, algunas muchachas miraban por la ventana y la imagen mezclada de una cara y un pene tartamudeaba en el cristal que quería ser espejo. Él sabía que el agua artificial no es la lluvia, pero le gustaba el pequeño masaje que, como una mano grande, le surcaba la piel de la espalda… dejándole casi dormido en posición vertical. Learecordó un instante, quería sentir sus manos, no era el momento de los goces. Tartamudeó las emociones y se abrochó las responsabilidades. Sabía que le sobraba tiempo para soñar y le faltaba decición para decir no, altrabajo. Antes de salir a la calle, volvió a anudarse los zapatos con cintas luz de amanecer negro. Conocía el calor de la sombra.  js©

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¿ES USTED SAN PEDRO?

Me duele el viento que se lleva mi mente al otro lado de la Bahía, no me hace daño físico, sólo me duele, es como el puente que me cruza y cruzo andando. Entre las tripas anaranjadas, ventosean los hierros, el oro, bajo mis pies de goma roja todo se tambalea. La niebla cruza el puente por los ojos, las estrellas se van metiendo en mi cuerpo, me llaman, volaré hacia el fondo. Mis amigos se han quedado durmiendo junto a las puertas del bell canto, rapeo músicas, las voces son una casa para ellos. ¿Para qué quieren techo, si la música es el soporte de su evolución? No les destruye el crimen, ni la inclemencia de los hombres, son tan felices como yo, apoyamos lo inútil, somos el rito supremo, destruimos el mundo ante Dios. Y me siento infeliz en la totalidad de la consecuencia que nos obliga a vivir esto… Necesito suprimir lo que fui, sueño, divago, me columpio en los brazos del puente, me dejo mimar por la idea. Van a dar las doce, parece que no hay guardias, el agua está muy fría, no importa, voy a morder las fallas andresinas: les quitaré la costra del miedo con mis dientes. Me lanzaré sin miedo, me seduce la idea del no existir… Los guardias vigilan, como cada noche. Los pintores dan otra mano de pintura al hierro del puente para que no se oxide. Ven caer un cuerpo. Se oye una sirena. No recuerdo más, me fui…  Me despierto del golpe en el agua. Alguien abre mis ojos. Lleva en sus manos una linterna. Es un guardia. Lo miro, le pregunto: ¿Es usted San Pedro? El viento sonreía a carcajadas arañando esos asombros que hacen daño… ©js

 

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Y ESTÁS AQUÍ

El laberinto ya es taberna. Nuestros cuerpos se adentran en los pasos cortos y prolongados. Nos paramos a mirar con los ojos del mundo y vemos cómo se inmoviliza el pulso que se arraiga al mensaje de los tambores que piden lluvia. Escribimos con los pies la tristeza de lo que callamos. Los verdaderos trazos se borran en la noche rítmica de los abusos. Tan mucho es lo que somos que nos sigue un resplandor y nos envuelve en lo que no tenemos. La belleza fluye en la calidez de las manos. La fuente no cesa de hablar. Derrama sueños sobre nuestras huellas. Enrojecemos. Nos emborrachamos de tristeza. Y nadie nos atiende. Nos dejamos crecer frente al pequeño chorro de agua aunque nos sigan dando vino. Las figuras se rompen. Alguien mueve el mundo sin ideas. Las horas guardan nuestro tiempo perdido. La luna nos desviste. La música nos arropa. La luz, sólo la luz recrea alma. ©js

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RITO DEL MOVIMIENTO

Hay moscas que no saben volar de frente. Vuelan de lado y cuando caen al suelo, se pegan a la suela de cualquer zapato. Están cansadas, deambulan, es como una protesta de las horas. Pasan buscando carne dulce. Suben al tren de vapor y, viajan en segunda o tercera. Se dejan mecer, mirar por la ventana los paisajes y quedan dormidas sobre las rodillas de cualquier viajero. Esta vez le tocó a Cipriano. Los pensamientos de Cipriano se alejan, se sacian, se realizan en el aire veloz que desdibuja el humo de la locomotora mientras pasa el puente. Él es un campesino fuerte y en los pliegues de su piel es donde más azúcar encuentra la intrusa mosca. Cipriano se sorprende y le da un manotazo con fuerza, con tanta fuerza que se rompe el dedo gordo en el golpe. La mosca burladora, hace eses frente a sus ojos y Cipriano se inquieta, se remueve en el asiento, busca su pañuelo del moco para sacudirlo al aire. Quiere acabar con ella. En ese momento llega el revisor, llegó justo cuando el pañuelo de Cipriano rozó las narices del revisor. Cpriano no sabía qué hacer, cómo disculparse. El revisor sin más respuesta que la de pasarse la mano por la cara con asco, miró de mala gana al viajero.  – Por favor el billete.  Cipriano gastó tiempo buscándolo sin encontrarlo. Mientras, la mosca bailaba muerta de risa sobre su cabeza.  – Pues mire usté que lo llevaba aquí…  – Tiene que pagar el billete y la multa por no mostrarlo.  Cipriano avergonzado, le pagó el billete y la multa y lo que hubiera hecho falta. Se guardó el pañuelo del moco en el bolsillo y con un gesto de rabia se volvió a sentar. Sabía que al sacar el pañuelo el billete quedó extraviado. Le salieron colores a su piel de labriego. Posó su mano sobre la rodilla y la mosca encontró nuevamente su jardín de azúcares en la piel. Cipriano sintió el cosquilleo y alborotó de nuevo a la mosca que, en su pueblo la llaman “cojonera”. Así llegó dos paradas más a su lugar de destino que, le había costado más del doble aquel día. Al levantarse vio en el suelo del asiento de enfrente el billete tirado, sin duda al sacar el pañuelo. Pero ya era demasiado tarde para recuperarlo. Sintió rabia, sabía que lo negativo era siempre un raro movimiento. La mosca lo siguió no se sabe hasta donde. Seguramente se cansó de seguirlo por el camino de la estación hasta el huerto. Pero como era una mosca que no sabía volar de frente, en uno de esos vuelos de sobresalto, cayó de lado al río. Cipriano no pudo oír cómo pedía auxilio mientras se ahogaba. ©js

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LAURO

Aquella mañana le picaba demasiado la cabeza. No. No tenía caspa, una ligera escamilla, casi polvo, quedaba entre sus uñas rapadas a tijera. No dejaba de rascarse una y otra vez buscando en la raíz de los cabellos algún tropezón de costra seca. Le producía sueño. Era como un placer extraño, cómodo, tocarse los cabellos sin ser observado por los compañeros. No había dormido lo suficiente. La niña había llorado casi toda la noche. Había llegado tarde a la oficina. La ducha había sido demasiado corta y su mesa-escritorio, estaba llena de papeles. No. No sabía por dónde comenzar su trabajo.
Marcó un número de teléfono:

– Espere un momento por favor. Si desea hablar con… marque uno. Si desea… marque dos… si… marque tres. Si no desea, espere.
Lauro esperaba paciente la respuesta mientras una voz melodiosa cantaba en inglés: “I will always love you, I will always love you” …
– Espere un momento por favor.
Si desea… espere. Espere… espere por favor… “I will always love you, I will always love you…”
Su mano izquierda había recorrido cada palmo de cabello mientras la derecha mantenía el auricular en el oído, por el receptor Lauro escuchaba la canción de nuevo: “I will always love you…” Entre la música y el placer de rascarse, parecía que entraba en uno de los más dulces trances de su vida o mejor dicho, de la primera hora laboral de aquel día, uno más, en lo que debería ser una jornada productiva, eficaz y de un desarrollo profesional adecuado, en el entorno de sus grandes posibilidades o en el proceso de tomar decisiones de alto mando. Y aquel tenía que ser indudablemente, un día de expectativa de trabajo, de rendimiento personal, de productividad y reflejos de marketing.

La verdad es que a Lauro le había seducido la canción, pero siempre la cortaban y era repetitiva. Se sentía orgulloso de su inglés interrumpido y roto en el desván de sus recuerdos. Experimentaba un gran placer porque entendía lo que cantaba Whitney Houston, “I will always love you, I will always love you”. Qué pena que siempre lo cortaban, sentía deseos de seguir practicando las amorosas frases de la canción. Y en esa postura cómica, diferente, rara, con una mano en la cabeza y otra en el oído, terminó tarareando el mismo estribillo aunque con acento latino “I will always love you…”.
– Si desea hablar con… Espere por favor “I will always…”
– ¡No! No y no! Ya está bien de tomadura de pelo.
Lauro colgó el teléfono indignado y de malas maneras, miró el reloj y ya habían pasado cuarenta y cinco minutos queriendo hablar con aquella oficina central de eme…

No le había dado tiempo a nada, ni siquiera a tomar un café en aquella mañana negra. Y menos mal que su exesposa se había llevado a la niña a la guardería. Lauro sacó su peine secreto, volvió a cerrar el cajón, y muy suavemente se dejó el cabello tal como debía estar. Se sacudió la caspa de la solapa y se fue a la cafetería más cercana. Encendió un cigarrillo y tomó un café negro, bien cargado, sentía un sabor amargo en la boca, pero quería despejarse un poco. Los acordes de la Banda Sonora Original de “El Guardaespaldas” seguía vibrando en su cabeza.

“I will always love you… I will always love you” Era lo único que había hecho durante esa hora de llegada a la oficina, sólo la música había transformado el trasfondo de su ocupada vida laboral. Sólo esa frase había sido agradable, le rozaba la piel muy suavemente y trastocaba su condición física e intelectual. Mientras perdía su mirada a través de los cristales de la cafetería, se preguntaba pensativo si él amaba realmente a alguien o si alguien le había amado alguna vez. No. No era el momento de planteárselo ahora. El camarero lo sacó de la reflexión.
– ¿Qué te pasa Lauro? Estás hoy jodido.
– No. No. He pasado mala noche con la niña.

Lauro miró el reloj y habían pasado otros cuarenta y cinco minutos. Tenía que terminar la contabilidad, debía hacer más llamadas y hasta organizar su mesa. El trabajo estaba muy, muy atrasado. El café no había sido suficiente, Lauro se veía a sí mismo casi con lástima, como si de repente hubiera descubierto que él era su propio espía observándose, informando a su esencia existencial de la propia locura que lo envolvía, locura no; apatía, caos, estupidez, soledad, añoranza. Nada lo dejaba llegar a la meta deseada, su estado vital era desechable y aquello lo sumía en la más absoluta inactividad.
Regresó a su silla cómoda, flexible, volvió a marcar, esta vez apoyando los codos sobre su escritorio, dispuesto a preguntarle al Director General por el proceso a seguir con los números que había que cambiar para ajustar las cuentas del departamento financiero.
Y se encontró con la misma respuesta: “Espere un momento por favor. Espere… Espere… Si desea… Marque dos. Hablar… con… espere. Y Lauro esperaba paciente la respuesta, y la sensual voz de Whitney Houston repetía lo mismo, “I will always love you”
Con gesto de fastidio Lauro colgó de nuevo. Si al menos tuviera quien le amara, pensó. Su oficina se asemejaba a un laberinto y él se había quedado como en espera de algo, de alguien que nunca llegaba. Lauro suspiró hondamente y pensó que sería bueno abrir los ventanales que daban a la gran ciudad, que entrara un poco de aire fresco, estiró sus brazos y miró sin mirar y voló sin volar, y suspiró sin saber por qué o por quién. Su exmujer estaría perdida en una de esas calles después de haber dejado a Carla en la guardería.
De repente… Lauro se sintió invadido por los ruidos de los automóviles, las sirenas, los repentinos frenazos, las voces de la gente, el ir y venir de los murmullos y la condensación de un aire pesado en el ambiente. Ni siquiera se distinguían las torres de la Iglesia de Los Jerónimos por la densa contaminación. Y así en un estado místico-burocrático, pasaron otros cuarenta y cinco minutos. Cerró las ventanas y encendió el ordenador, había decidido enviar un correo electrónico al Director General ya que era imposible hablar con él. Lo encendió, pero ¡Oh desdicha! No había línea.
Mientras buscaba los balances entre su desordenado escritorio pasaron otros cuarenta y cinco minutos. Y otros cuarenta y cinco en ponerlos en orden. Afortunadamente los compañeros se encontraban haciendo inventarios y aquella mañana estaba solo.
¿Solo? No. El electricista estaba en el despacho vecino instalando unos cables. La taladradora agudizaba sus gritos y en la pequeña distancia que los separaba, Lauro, sentía que unas veces el martilleo era como un llanto de velatorio, otras, parecían los gritos de una mala soprano con la garganta irritada. Por momentos, Lauro quiso ponerse tapones en los oídos y hasta sintió que alguien le estaba gritando. Habían pasado una, dos tres horas, cuarenta y cinco minutos de ruidos. No podía concentrarse. Encendió un cigarrillo, hincó los codos sobre el escritorio y volvió a marcar el número que le llevaba en directo a Whitney Houston, quería volver a escucharla. Aunque fuera una frase, el tono de su voz era lo único que inquietaba su afán, su personalidad cambiaba de semblante escuchándola a ella, era la definición de sí mismo, porque él había sido un hombre abierto, agradable, amable, detallista y todo eso estaba impreso en la voz de Whitney Houston. Sí. Él sabía amar y podía amar siempre, el “will…” es lo que se le atragantaba. El always le parecía una fantasía. Y el you no sabía todavía quién era. Lauro, en uno de esos lapsus, se sintió como Robinson Crusoe, en su isla desierta, en su océano Pacífico. Lauro, perdido en su día laboral, tenía que ingeniárselas para sobrellevar su apatía y ni siquiera sus necesidades que eran muchas, podía calmarlas. Pero no, no hay abismo entre el siglo XVII y el XXI, ningún abismo para Daniel Defoe si tuviera que volver a escribir la odisea de un solitario en medio del desierto de cosas que envuelve a la sociedad moderna, la isla es la metáfora del cazador y del pescador, sin agua, sin aire, sin bosque, sin aves.
Un desierto de números, donde la economía es la reina, la clave para resolver las tensiones de esas necesidades. Pero a Lauro se le iba el alma por otros bienes casi olvidados. La organización, la distribución del trabajo, el consumo de energía vital era de un tiempo inútil. Pasaron una, tres horas más. Estaba a punto de finalizar sus ocho horas, pero no podría salir de la oficina sin conectar con aquel maldito despacho, se quedó inevitablemente dormido. Cuando despertó habían pasado dos horas extras que ya serían extraordinarias en su nómina. Sin esperanza, volvió a marcar el mismo número. Los dedos le temblaban, ni siquiera se había comido un bocadillo. Al abrir los ojos sintió el vacío de aquellas palabras increíblemente seductoras… “I will always love you”. Nadie podría amarle nunca…

Se decía a sí mismo mientras metía su dedo corazón en el orificio del disco selector de llamadas; cuando la corona llegaba al tope, Lauro se paraba absorto en alguna otra galaxia, así marcó dos, tres, cinco veces sin escuchar señal alguna. Por fin una voz disonante y distante anuló toda canción romántica.

– Secretaría General. ¿En qué puedo servirle?

– Soy Lauro Amorós. Quería hablar con el Director General.
– ¡Lauro! El Director se fue hace una hora. Estaba muy irritado porque Vd. no se dignó llamar en todo el día.

©js

Foto: Julie Sopetrán

DESDE EL SILENCIO
Estoy oyendo el paso de la luna por tus ojos negros y las hojas de mis geranios me regalan el verdor ácido de la noche. Huele a cantueso, el olor me viene de los montes, me lo trae la brisa, calladamente hasta mi ventana. Las estrellas entran a mi regazo alborotando luces en mis ojos. Afuera, los gatos tienen frío, pero no protestan, se acurrucan en círculo junto a su propio rabo inamovible, sueñan como yo, las bienaventuranzas. Ni siquiera los búhos hablan. Dejo pasar mi estima por las cosas, apreciar lo que tengo, acariciar un libro de la infancia, buscar una palabra, cuidar el pensamiento, estallar un suspiro, soñar, hacer un hueco a lo posible… leer, soñar, sentir, estar… Y me quedo pensando en todo aquello que no le dije a nadie y tú sabes un poco a medias. De repente se alborota la llama en el pabilo de la vela, como si quisiera gritar su enfado, le gusta que la mire sin pensar en nada, fijamente, me sonrío, hoy me recuerda aquel otro momento, aquella cena, aquel detalle, aquel gesto que no necesita palabras. Tantas cosas bonitas que tal vez nunca pasaron pero que se crearon al azar, sin tiempo, y son vestigios de otras vidas, o tal vez no, es tan sólo la coincidencia que se manifiesta en el misterio, o el misterio que nos elige para hacernos únicos. Escribo. Apenas se oye el lápiz a pesar del movimiento de mi mano, y los contactos con el papel se aguantan las voces de la página en blanco. Me voy metiendo al fondo de mis sueños, se han dormido las quejas, disimulo las ganas de hablarte en voz alta, no quiero que se enteren las sierpes que puedo amar tan hondo. Y el corazón no deja de latirme, de conectarse con el cosmos. Cómo disfruto los sosiegos, las pausas, el entramado del ritmo en la garganta, la soledad de mi silencio, el mío… en el espacio de mi esencia o en la esencia de un espacio tan próspero y placentero. Me gustan estos ruidos tranquilos de la noche que van tan a la par con mi vivencia. Apago mi vela, veo cómo allá al fondo, las tinieblas se estremecen. Cierro los ojos, los abro entremezclo mi día con mi sombra, el placer de verte me arrulla la conciencia como si fuera nana, tus brazos me recogen en el aire de un beso, todo me habla en colores, me voy, me voy, te espero, volveré en la mañana para decirte, que si, claro que si, gracias a este silencio, todos estamos vivos.  © js

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SUTILEZA

YO

Y no sabíamos nada el uno del otro. ¿Pero cómo expresar éste mecanismo del alma o del cuerpo o de la lógica que, evidentemente, es locura cuando algo, alguien, interfiere como una iluminación espontánea en tu vida? Es como si la verdad se pusiera de frente para decirme: hola, existo, habito, soy, estoy, te busco, te encuentro, aunque llegue tarde… ¿Y qué sucede? Todo se borra excepto ese foco que la mirada goza en el instante. Yo exponía tres cuadros en una de las ferias de arte más renombradas a nivel nacional. Me había acostumbrado a la rutina de ver pasar la gente por mi lado sin apenas mirarme. Algunos se paraban a contemplar mis cuadros, otros ni eso, todos llevaban prisa. Observé que se interesaban más por los folletos que por las obras. Lo recogían todo, papeles de distintos colores, publicidades muy diversas, creo que para mí, inservibles. La gente cargaba bolsas llenas de pliegos y de planas, carteles, octavillas, carpetas, papelotes, rollos, mecheros, bolígrafos, pegatinas, personas-carro de papel servido gratis en los puestos, las mesas, las plataformas. Todos arrastraban esa gran indiferencia. Esto me dolía. La crisis cultural me afecta, me entristece. ¿De dónde parte tanta apatía por la lectura, por el aprender a ver? ¿Es culpable el artista o los políticos? No sé. Tal vez el público, este público que pasa nauseabundo sólo con ganas de invadir el espacio y recoger toda clase de basura sólo porque es gratis. ¿Qué lenguaje podría yo utilizar para transmitir algo en mis trazos, en mi obra, en el lienzo donde he vivido y sufrido tanto? Esta ausencia de emotividad me destruye. Me considero un artista hecho desde la nada, desde el sacrificio, desde la soledad. Ahora hago lo que quiero hacer porque puedo hacerlo. Sí. Me dejo guiar por el alma. Mi alma en lejanía siempre, alejada de este grande o pequeño público que me atormenta a la hora de incrementar mis ingresos. Y ahora hasta quiero pintar a un ser que arrastra una bolsa cargada de papeles y que no va a ninguna parte. Un público que sólo piensa en comer papel y más papel. Y aquí estoy esperando.
Mendigo una mirada. Busco el romanticismo. Estoy, me siento perdido en mi propio arte y quiero gritarlo pero me quedo mudo, absorto, tragándome la voz, el eco, las palabras. ¡Vengan! ¡Vengan a ver mi obra! Aquí está mi gran Amor, al que he entregado mi vida ¿No me oyen? ¡Miren qué belleza! ¿Adónde van tan rápidos? Me paseo triste alrededor de los stands vecinos. Todos tienen las mismas caras. Sólo el puesto de jamón y cerveza está lleno de hambrientos. Hacen cola. Y yo que me creía distinto. Sí, claro que soy distinto porque tengo libertad… Pero ellos también la tienen, utilizan su tiempo para nada, para llenar sus bolsas de papeles…sus estómagos de embutidos. ¡Qué absurdo si lo comparo con mi gozo de crear! Pero… ¿A quién le importa esto? Silvia, mi esposa, todas las noches me pregunta lo mismo:- ¿Has vendido algo?- -No. Estoy decepcionado. Habrán pasado miles de personas por mis narices y sólo dos me han preguntado precios.- ¿Pero querían comprar?- ¡Qué va! Creo que se hacían los importantes.- No te desanimes. ¿Y tus compañeros han vendido?- Tampoco.- Hay que tener paciencia. Nada es fácil. Tú vales mucho, amor… Ya sabes que tu estilo no es comercial. Eres auténtico y sé que venderás.- Tendría que cambiar el mundo ¿A quién le interesa realmente el espíritu?- A mucha gente, a ti, a mi. Alguien vendrá a ti y te comprará lo que haces ¡Ya lo verás cariño! – Me gustaría creerte ¿Y a ti cómo te ha ido en el trabajo?- Un día más. No fue muy bien. Comíamos sin apenas gana. Nos mirábamos con esa ternura de la conformidad adaptada a la costumbre. Sí. Nos queríamos serenamente. Indagábamos en nuestras emociones, aunque somos muy distintos. Hemos encajado en lo habitual. Yo sé cómo Silvia admira mi arte. Cómo me empuja a buscar clientes, galerías, revistas, viajes, congresos… He conseguido muchas cosas, pero lo más importante es lo que ella me ha dicho sobre eso de ser yo mismo en mi propia línea de trabajo. Mi estilo. No. No es fácil conseguirlo, conocer mi propio color, ser novedoso, profundo, rico en matices, exhibir lo que siento desde siglos, pensar y crear algo que me emociona y que yo creo que puede comunicar a alguien que esté en mi propia sintonía, o despertar al otro un ápice de admiración, a los que también tengan alma para sentirlo. Pero no, no puedo evitarlo, me preocupa el tedio, el de los otros y hasta el mío propio, el de mi esposa, el de mi arte en relación conmigo. Esta feria me motiva a pensar en mí, en mi propia creación. En estos tres días sólo he conseguido contactos y algo que me roba la paz. Sí. Ha sido rápido. Lo instantáneo, lo sorprendente, lo inesperado. ¿Cómo podría pensar que entre miles de personas me encontraría con ella? Su mirada. Surgió una luz entre la basura, entre montañas de papeles acumulados. Allí estaba un brillante. La casualidad, el eco de la distancia aproximándose para abrazarme. No es el cliente sensible a tus valores artísticos que comprende tu obra. No es el coleccionista que encontró lo raro. Es más fuerte, más profundo, una luz que entraña en tus raíces y resurge en lo fantástico de lo humano. Un chorro de agua fresca en pleno fuego, una realidad que enriquece el aliento. Lo posible. Lo que creías perdido para siempre o nunca hubieras pensado que existiera. Es algo que da sentido a la vida y fuerza y esperanza y viento y fuego a tu ser. Silvia y yo nos hemos acostumbrado el uno al otro pero siento que a veces me falta algo, me ahogo, no sé si a ella le pasa lo mismo. Hoy lo supe todo de golpe, era la otra, la que no se parece a nadie, tal vez a mí mismo, ella la que no estaba en mi vida y aparece de golpe, de frente. Nos miramos, sólo nos miramos y no pudimos decirnos más, había muchas cabezas de por medio, pero lo sabíamos todo, todo al vernos. La emoción, según nos acercábamos no nos dejaba hablar. Éramos torpes pero los dos sabíamos que algo había pasado más fuerte que la vida. Estuve unos días que apenas podía comer. Dormir era más difícil. Pensar… sólo pensaba en ella. Todo era ella, ella en el arte, ella en las paredes, ella incluso en Silvia. Sus ojos casi negros, seductores, su piel brillante, su cabello suelto, apenas llevaba maquillaje, el color de su tez rosada y sus labios rojos me fascinaron. Pero no es precisamente el físico, hay algo en su porte que le hace resplandecer el rostro. No lleva joyas. Sus uñas muy bien cuidadas. Reconozco que es una mujer muy elegante, graciosa, muy joven, calculo que tenga unos veintiséis años. Es algo más delgada que Chalé Winslet, la actriz inglesa, no sé por qué la encuentro un ligero parecido con ella. Su sonrisa me deslumbra, su sensualidad me llega al alma, su cortesía me abruma, su seguridad me atonta. Por fin nos saludamos aunque no hacía falta. Ella era una de las organizadoras de la feria, había sido modelo, licenciada en Arte y Biología. Nada más ver mis cuadros lo sabía todo. Sus manos me quemaban y un nudo en la garganta me aprisionaba, me oprimía. Se quedó mirando mi obra largo rato. Luego me dijo: – Parece hecho en el cielo. Me sonreí. Nunca nadie me había dicho algo así, ni siquiera Silvia. Inmediatamente vino a mi mente aquella película, no recuerdo ahora de quién: “Hecho en el cielo”…- ¿Te gusta?- Mucho. Esta es mi pintura. Es lo lúdico. Es el color. Es la luz. La inmersión creadora como fuente de conexión con mi espíritu. Es lo que me conmueve de veras. Son tus realidades iluminándome. Me envuelves. Me seduces. Estuve aquí ayer, cuando no estabas. Nada más mirar tu obra ya estaba unida a ti… – ¿De veras? Creo que me salieron los colores como si fuera un adolescente. Pero hacía tanto que nadie me decía cosas así. El encuentro fue tan fuerte, tan seductor, tan obvio, que ya no importaba tanto vender o que los demás ignoraran mi obra. Pero no, no podía dejarme llevar así tan plenamente por la pasión, por el corazón que me latía tan fuerte al verla. Quería irme hacia otro lugar y no podía, todo era una excusa para buscarla y sabía que ella sentía y hacía lo mismo, al menos me lo insinuaba, hasta tal punto que yo quería preguntarle algo pero ella me contestaba sin apenas yo abrir la boca. Nuestra complicidad era tan fuerte como espontánea. En estos días me mentía mil veces a mi mismo para verla, para sobrevivir a la comezón del pensamiento. Necesitaba saber que ella estaba allí aunque no nos dijéramos nada. Era como sentir la experiencia de existir en un mismo plano, tan semejante al Arte. Nuestra sola presencia unía nuestras almas, como si fuera una música que se revela dentro y nos embriaga. Sé que ella había estado en el paro, este era su nuevo trabajo. Sé que me vuelve loco. Sé que no puede ser. Que tengo que frenar mis impulsos. Sé que no puedo engañar a mi esposa, quiero mucho a Silvia, esto es otra cosa, y sé que si se lo cuento me comprendería, pero sé también que sufriría mucho. Es mejor que me olvide de ella aunque me ha dejado su teléfono y yo también le he dejado el mío. Reconozco que han sido unos días de entrega total a su hermosura y por ello he comenzado de nuevo a crear, por ella, para ella, con ella. Es como si hubiera vuelto al Arte desde una constelación ardiendo, desde un logos que me ensambla con la expresión más bella y depurada. Es el pensamiento de mi obra unido al más puro silencio que habla. Pero no puedo, no debo entregarme tan plenamente a esta confluencia de luz que no conozco. Es demasiado grande. O es un proceso de mi propia autonomía. Qué razón tiene Platón cuando dice que, “todas las cosas grandes encierran un peligro”. Yo sé que este encuentro ha sido demasiado peligroso. No estaba preparado para la inesperada entrega a sus encantos. No puedo seguir jugando…Cuando acabó la feria, nos dijimos adiós de una forma plena, fui a darle un beso inocente, tímido, aparente, pero ella me abrazó tan fuerte que todavía tiemblo al recordarlo ya en mi estudio y ni siquiera nos dimos cuenta de la gente. Ahora recuerdo ese otro momento cuando ella me sonrió en la distancia levantando su mano. La saludé, y en el gesto se me fue la vida o esas ansias locas de abrazarla, de sentirla a mi lado. He decidido olvidarla, si es que puedo dejar aparcados esos momentos mágicos y fugaces. Vivir con mi romanticismo, saber, cuando esté triste, que otra persona existe, no sé dónde, que siente y tiembla conmigo, con mi Arte. Esto es ya el elixir que curará mi náusea, mi tedio y el de los demás. La vida empieza a tener otro significado, otro horizonte, empiezo a dominar el aburrimiento, la soledad, empiezo otra fase creativa más fuerte, más vivaz, porque ella está conmigo muy sutilmente, para siempre. Ella es ya mi obra sin apenas notarse, sólo yo podré contemplarla a mi antojo en esta secreta y a la vez desnuda dimensión del Arte. TÚ

A la rutina del trabajo, me gustaba ponerle imaginación. Mi compañero Alberto, de vez en cuando jugaba a los barcos conmigo, cuando no había ningún jefe en la oficina. Otras veces hablábamos de muchas cosas. Hoy es uno de esos días íntimos: casi todos los jefes están de viaje menos nosotros que llevamos bastante avanzado el trabajo.

– Así que tu esposo es artista. Apenas te pregunto por él.- Sí. Es muy bueno.- Con qué seguridad lo dices.- Si yo te digo que es bueno, es bueno.- Cualquiera le hace una crítica delante de ti. – Ni se te ocurra.- Se ve que lo quieres mucho.- No lo dudes. Él es además, mi amigo.- ¿Tenéis hijos?- No. ¿Para qué? No los necesitamos.- Qué segura estás de todo. ¿Os conocéis bien el uno al otro?- Creo que sí. Aunque nunca se sabe…- ¿Eres celosa?- Mucho. Lo he sido más. Ahora menos. Yo sé que se fijan en él. Mi esposo es guapísimo. Interesante. Ameno…- No sé. No me lo imagino. Descríbemelo.- Pues mira, en primer lugar es muy afectuoso. Eso da lugar a la mayor belleza para mí en un hombre. Tiene una sonrisa muy comprensiva, muy dulce. Su cabello es negro-canoso-atractivo, lleva una barba muy bien cuidada, barba cana, claro. Sus ojos son oscuros, su nariz perfecta. Viste muy bien, es muy pulcro y muy profundo en sus pensamientos. Se sumerge a veces en grandes filosofías, se adentra en los caminos, en las viejas leyendas, en las catedrales, en las ruinas , en la simbología y después de conseguir un gran conocimiento de las cosas, se entrega a su obra con verdadera pasión de artista, crea, se manifiesta como es y como buen artista, también es un romántico.- Parecéis una pareja estupenda.- Nos admiramos mutuamente. Afrontamos juntos las dificultades. Nos dejamos llevar por nuestros impulsos particulares, los compartimos.- ¡Jo! Eso es algo no visto hoy según están las parejas.- Bueno ¿Y tú qué sabes si no tienes pareja? A ver que te has creído, también tenemos nuestros baches, pero los superamos.- ¿Te la ha pegado alguna vez?- ¿Qué si me ha sido infiel?- Eso.- Me imagino que sí. O tal vez no. Allá él con su conciencia.- ¿Y tú le has sido infiel a él alguna vez?- Me estás preguntando demasiado. Sabes que soy incapaz de irme con otro, creo. – Pero no estás segura.- Afirmo todavía el Amor. Nos ha costado tiempo conocernos como para tirarlo todo por la borda. Ahora sabemos lo que pensamos. Lo que queremos, lo que tal vez fingimos. Ya sabes que el amor es lo más subjetivo – que hay. Pero hablamos, intentamos comprenderlo todo, ser amigos, no herirnos, la amistad es siempre más real, más clara, más fácil. Él es muy sentimental, yo trato de bajarlo de las nubes. – ¿Discutís mucho?- Sí. Si no discutes… ¡Qué aburrimiento! Lo bueno es no perdernos el respeto, en eso somos como niños.- ¿Y funcionáis bien en la cama?- Tu quieres saber demasiado.- Te lo pregunto porque dicen que el 80% de los divorcios es por el distanciamiento a raíz de que funcionen o no las relaciones sexuales.- Yo no lo creo. Existen otros motivos más graves.- ¿Cómo qué?- Por ejemplo la indiferencia. El cansancio. El desprecio. El alejamiento. La falta de interés por el otro… son muchas cosas.- Si. Tal vez vosotros sois un poco felices pero es porque no tenéis hijos.- Es posible. Nos dedicamos más el uno al otro. Nos conocemos mejor. Nuestros hijos son sus obras de arte.- Dirás que son los hijos de él. A no ser que tú seas su musa…- Yo comparto con él su obra.- ¿Estás segura? Creo que tendrías que ser artista también o haber estudiado arte. ¿Cómo puedes saber en quién piensa él cuando pinta un desnudo? Tal vez es otra la que le inspira.- ¿Y por qué tiene que ser siempre una mujer lo que le inspira?- El puede pintar un bosque, un camino, aquello que se imagine entre unas ruinas, un coche, una ilusión, él crea su propio tema sin la ayuda de nadie físico, él percibe la imagen sin tocarla… – Hummm! Qué bonito! Pero si está bien contigo, pintará mejor ¿no? Si le dejaste satisfecho en la cama, su obra tendrá otro matiz.- ¿Por qué todo lo asocias con la cama, con el sexo?- Porque tiene que ver Silvia, porque funcionamos así.- Tienes el sexo en la cabeza.- Y yo presiento que no estás satisfecha sexualmente.- ¿Y cómo lo sabes, en qué te basas para decirme eso?- Porque te observo, porque estás conmigo más que con tu atractivo marido.- Eres un exagerado. Estoy contigo porque tengo que estarlo por obligación pero eso no significa nada. ¿Qué quieres decirme con eso? No me voy a la cama contigo precisamente.- Que somos compañeros …- Claro, de trabajo. Me deja pensando Alberto. Es buena persona, a veces va sin afeitar… no se define, es todo lo opuesto al verdadero artista, a mi esposo. Me divierte a veces. Es muy joven. Sí. Sí estoy a gusto con él, mi trabajo sería horrible sin su presencia. ¿Adónde va a parar con sus preguntas? Es tremendo. Pero no, no me conoce. ¿Qué puede saber él de mi? Quiere sacarme las palabras, lo que siento. No le diré nada… Aunque viene dispuesto a seguir el diálogo. – ¿Me presentarás a tu marido?- Cuando quieras.- Es simple curiosidad. Tiene mucha suerte contigo. Porque tú trabajas mientras él se dedica a pintar. – Su obra está muy cotizada. Ya te darás cuenta que él es muy especial.- No lo dudo.- Cuando vende un solo cuadro ganamos más que trabajando yo todo un año. Ha tenido varias exposiciones en el extranjero. Se lo gana a pulso.- Me muero por ver su obra. Aunque ya sabes que lo que a mi me interesa es el cine. Sí. Alberto es capaz de presentarse en mi casa. No quiero que vaya. Tengo que separar el trabajo de mi intimidad. A mi marido no le gustará que vaya, pero soy tonta. ¿Por qué me preocupo tanto? Mejor me pongo a hacer las facturas. Mi vida sexual es mía y a nadie le interesa. Alberto quiere meter sus narices en todo. A veces me siento intimidada por él. Me mira intensamente. Le doblo la edad. No puede ser. Es mentira. Me iré a casa directamente. Hoy no tomaré café con él a la salida del trabajo. Es imposible. Estoy casada. Soy feliz. ELLA No sé si me llamará por teléfono. Estoy todavía fascinada. Necesito volver a ver su obra. Está casado. ¿Cómo será su mujer? Lo amo. Fue muy breve. Es muy atractivo. – ¿Estás hablando sola?- No. Pensaba en voz alta.- ¿Y quién es él?- Un pintor. Me encanta su obra. Además es un hombre muy atractivo.- Me parece que ya tengo rival.- Has de saber que me gusta más que tú.- No puedo negar que al menos eres sincera.- Es el hombre de mi vida. Aunque me dobla los años.- Eso no importa, mejor sabrá. ¿Te puedo ayudar?- Sí. Ya lo estás haciendo ahora. Necesitaba hacer el amor contigo, estar juntos. Pero si te digo la verdad no puedo soportar su ausencia. Y sé que a él le pasa lo mismo aunque esté jodiendo con su mujer.- ¡Ah! ¿Pero está casado?- Sí.- Hoy te encuentro más hermosa que nunca. ¿No has podido traértelo a tu apartamento? Me hubieras llamado. Habría sido muy fácil. – Fue imposible. Primero se me hizo un nudo en la garganta. Sentí un ansia infinita de tenerlo, de entregarme a él. No pude invitarlo. Creo que a él le pasó lo mismo conmigo. – Eres fantástica. ¿Estás bien?- Sí. Sí. Me gusta lo que me haces. Acaricias muy bien. Me relajas un montón.- Pero no me amas.- Ya te lo he dicho. No seas tonto. No eres el hombre de mi vida. Es delicioso estar contigo pero no te amo. Tampoco te niego que me estoy acordando de él. Tú eres mi gran amigo.- ¿Tanto te has enamorado?- Sí. Sí. Lo triste es, que tal vez, nunca más vuelva a verlo. Víctor y yo, nos vemos con frecuencia, siempre que él o yo necesitamos eso que dicen: hacer el amor. Somos amigos desde hace mucho tiempo. Nuestra amistad nació en el Instituto, nuestros padres ya se conocían cuando éramos niños. Él siempre quiere que yo sea feliz y eso me conmueve, le digo que salga con otras mujeres, y sale, pero dice que no es igual, que a mi me lo cuenta todo y que las otras no le comprenden. A veces pienso que, terminaremos juntos, me conoce, tiene tanta paciencia conmigo… Pasamos muchas noches en casa, jugando, en la cama, juntos, tomamos copas, hablamos de trabajo, le conté lo de la feria. Era el primer trabajo serio en mi vida. Al hacer un resumen de todo, siento que lo más importante ha sido él, haberle conocido, saber que existe. Víctor me dice que lo llame. Que salga de dudas. Prefiero no hacerlo todavía. Esperaré. El azar decidirá nuestros destinos. Lo verdaderamente hermoso ahora, es recordarlo. ÉL

Estoy deseando llegar a casa. Me harta la oficina. Si no fuera por Silvia no soportaría ni un minuto más tanto papel. Y menos mal que el idiota del jefe se fue de viaje. Siento que Silvia no es sincera conmigo. Hay algo que no me cuenta. No sé, coño, no sé…! Esconde cosas. Como tarda el autobús hoy… Me lo contará todo. Yo haré lo posible para que me lo cuente. No he llamado a Mónica. Necesito tiempo. Silvia podría ser mi madre pero tiene algo que me seduce. Es simpática. Es guapa. Atractiva. Me gustan maduritas y además a ella le gusta el cine. ¡Por fin ya viene este gusano!

– ¿Mamá estás en casa?- Hola hijo. Hoy vienes más tarde. – Ese puto autobús…- ¿Vas a salir esta noche?- No. Me voy a quedar a ver una película que me han dejado. Cenaré pronto.- Estás enviciado con el cine.- No es nuevo para ti, Mamá. Ya sabes que me gusta.- ¿Qué vas a ver hoy?- ¿Te acuerdas de “La Heredera”? ¡Es estupenda! La que interpretó Olivian de Havilland, Montgomery Clift, Mirian Hopkins y Ralfp Richardson.- Creo que sé cuál es… ¿La historia de una joven tímida y feúcha…?- Esa, esa, le dieron un oscar a Olivia de Havilland por la interpretación.- ¡Claro que me acuerdo! Esa joven era la heredera de una gran fortuna, se enamoró otro de ella por el interés…- Sí, él era el estupendo Montgomery Clift, tu favorito.- Pero el propio padre la despreciaba.- ¡Exacto! El padre era Ralph Richardson.- Menudo melodrama, hijo mío, no sé cómo te gusta tanto el cine.- No me niegues que tiene una gran sutileza psicológica.- ¿Quién dices que la dirigía?- William Wyler, y los guionistas creo que eran Augustus Goetz y su esposa Ruth.- Como lo sabes todo de cine… ¡A saber quiénes eran esos!- Mamá tengo que saberlo, llevo toda mi vida leyendo, estudiando, viendo películas, me gusta mucho más que ir a esa maldita oficina, pero te diré que he cambiado de idea y esta noche voy a ver “Washington Square”, dirigida por la polaca Agnieszka Holland.- ¡Qué barbaridad! Vaya nombrecitos. ¿Pues no me has dicho “La Heredera”, en qué quedamos?- Mamá, es otra versión de la novela de Henry James. El título original de “La Heredera” es precisamente “Washington Squere” novela en la que se basan las dos películas.- ¡Ah! Ya… Entonces serán otros actores.- Sí Mamá. En ésta el seductor es Morris Townsend, muy muy distinto a Montgomery Clift.- A ver cuando me buscas esa que te dije de Montgomery.- Ya no recuerdo… ¿Cuál?- “Un lugar en el sol” en esa película mi actor trabaja con Elizabeth Taylor.- ¡Ah! Sí, me encanta la banda sonora de esa gran película, es de Franz Waxman, me refiero a la música.- ¡Qué horror! No me podría quedar con esos nombres. Te he pedido esa película mil veces. – Te la buscaré, te lo prometo.- ¿Por qué no cenamos antes y luego te quedas hasta que quieras?- Es muy buena idea. – Hijo. ¿Sigues escribiendo guiones?- Ya los terminé. Se los he mandado a Willy.- A ver si tienes suerte. – Es muy difícil. Pero ya le he mandado tres.- Nunca se sabe. ¿Y Mónica, no sales con ella ahora?- No me ha llamado.- ¿Y tú le has llamado a ella?- No. Que me llame ella a mi.- Así nunca tendrás novia, hijo mío.- No te preocupes tanto de mi. No tengo prisa.- Tú sabrás lo que haces. Mientras te duchas, preparé la cena.Me he quedado nuevo. El agua caliente me relaja. ¿Le habrá contado Silvia a su gran hombre, nuestra conversación? ¿Existe el Amor? Definitivamente Mónica no me llama. No pienso hacerlo por mucho que me riña mamá. Tengo hambre.- La cena está lista, Alberto!- ¿Judias verdes y pescado?- Menos tienen los de Africa.- Está bien, está bien.- Suena el teléfono.- Contesta tú…- ¿Quién es?… Un momento… Es para ti…- Hola. No. No tengo ganas de salir esta noche. Voy a ver una película. Dile a Jorge que otro día le veo… Ya, ya, lo de siempre. Trabajo. Ver películas. Escribo algo. Si quieres otro día. Nos llamamos. Vale. Adiós. – ¿Quién era?- Mónica.- No sé cómo se atreve a llamarte esa criatura. Y con esa conversación de besugos…- Mamá. No te metas en mi vida.- No quería ofenderte. Pero hay algo más que el cine y es la realidad. Adiós adiós, hasta mañana. ELLO TULANO me resulta fácil hablaros de mí. Yo soy ello. Me llaman Tula. No. Ni soy bruja, ni tengo que ver nada con Unamuno. Soy una gata blanca, pelicorta, europea y más bien fea. Una raza muy común. Claro, soy doméstica y lejanamente mantengo mis antecedentes egipcios guardados en el subconsciente instintivo gatuno. A veces, quiero parecerme a la gata balinesa, porque soy muy coqueta y me gusta bailar frente al espejo de la puerta del salón. Son puras ilusiones. Vivo con el artista del que ya os han hablado algo y con su esposa Silvia. Sé que soy una gata cazadora. Pero me cortaron las uñas. No puedo negar que lo paso muy mal. Tampoco tengo gato que me haga compañía o se monte en mi lomo en los días de celo. Ellos me quieren, son mis dueños, eso se creen. Yo los conozco tanto o más que ellos a mi. Sé cuándo se engañan y cuando se dicen la verdad. Estos días apenas ha pintado nada, hasta le he visto llorar, masturbarse, quedarse con los ojos cerrados, una, dos horas largas… Es lo que se llama: un hombre romántico. Soy para ellos un ello anímico muy gratificante. He llegado a creérmelo tanto que ya me considero su placer. Cuando viene alguna visita me pongo furiosa. Me molestan. Siento el fuego llameante de sus manos en mi apreciado lomo. Quiero ser feliz con algo, con alguien y como no tengo gato… Me he acostumbrado a vivir de mimos. De impulsos. De tendencias fantásticas. De energías desbordantes. Soy cómo la pequeña mansión de una descarga eléctrica que se mueve en torno al ambiente de sus amos. He observado que todos, humanos y animales, queremos ser de otro. Sí. Soy el más vivo objeto erótico a su lado. Soy el silencio que habla. Hablo en el silencio pero nadie me escucha. Las manos del yo me acarician. A veces mi sexo se enciende. No necesito masturbarme. Me lo facilitan todo. ¿Qué puedo hacer sin uñas? Estiro mis patas y vuelo. Ella me riñe más, me utiliza, me manosea. Me habla. Me convence. Palpo sus instintos sexuales. Se reprime. Le da miedo. No sabe saciarse como debe. ¡Cuántas ambivalencias en sus emociones no contadas! La piel humana transmite el halo de su conciencia. La debilidad, el pulso, el miedo. Se da miedo a sí misma. No hay entrega en su emoción. Son muy raros los humanos. Sienten. Sufren. No transmiten. Todavía les da vergüenza de lamerse el culo. Se odian. Se aman. Yo soy la causa, el ello de sus celos tontos. Soy el pretexto para no entregarse y también soy lo contrario. Me utilizan. Los utilizo. Me he vuelto neurótica. Me sacian pero necesito un gato que no sean ellos. Los sacio pero necesitan más sexo para que estén satisfechos de sí mismos. No se sacian. Lo sé. Todo es cuento sin contar. Lo que más temo, es que un día de estos Silvia me lleve al veterinario. Quieren esterilizarme. Les molesta que joda. No me puedo escapar. Me horroriza oírles. Procuro no mostrarles mi erotismo para no darles envidia. Para que no me lleven allí. Cuando no se dan cuenta me subo por las paredes. Me froto el sexo en el suave cristal del espejo. Verme así de tonta, me gusta. Porque yo soy ello, por eso prefiero sentir. Sola o con ellos. Yo. Yo que soy el sexo, verme esterilizada… No me lo merezco, ¡Qué vergüenza! Nunca, nunca más podría ya bailar frente al espejo de la puerta que da al salón.

EROS

Soy el perro, de ella. Sí. Todo un mito polivalente y muy complejo que emana su presencia y lo notas al entrar a su apartamento. Mi familia es muy caótica. Porque el yo de mi padre es grifón y el ello de mi madre, una cóker spniel muy dulzona. Soy lo que se dice entre los perros como una sublimación de la libido por excelencia. Me identifico con los dos y hasta con mis tatarabuelos que seguramente serían de otras razas. Soy un perro original porque mi dueña me lo ha hecho creer así. Dicen que soy muy cariñoso. No necesito masturbarme, pero lo tengo fácil, ella con la punta de su pie me lo hace muy bien y hasta se ríe y se lo cuenta a sus amigos. Vivo muy bien y antepongo mi super-yo a la violencia de los otros perros, menos afortunados, claro, esos que me voy encontrando por la calle. Ella me dijo el otro día que me va a buscar compañía, que no puedo estar sin perra. Es muy comprensiva. Quiere que sea tan feliz como ella quiere serlo. Y desde que ha dicho eso, me voy meando por todas partes. Ya habéis notado que mi dueña es muy erótica, espero que no me presente a un bulterrier. Conoce mis gustos y sabe que prefiero a los afganos. ¡Vaya mezclas! Pero la pubertad es la pubertad. Aprendo de mi dueña, sus costumbres. Ella es una persona realizada sexualmente. Fornica a su gusto con su amigo y a la vez habla del otro en el postre. La conozco muy bien. No se reprime nada. Ama mucho y hay algo salvaje en su estilo. Por eso me mima tanto. Paseamos juntos y siento su placer de vivir. Jugamos, corremos por el parque. No se siente culpable por casi nada y eso me hace sentir un perro libre. Deseo ser amado lo antes posible. Tropezarme con esa mirada dulce, amorosa de los románticos, ese es mi sueño más perro. Reconozco en mí a todos los Eros cuando ella me mira ausente. Claro, se me inflama el corazón al verla. Pero no puedo expresar lo que quiero. Sólo ladro. Sé que mi voz es muda en sus oídos. Aunque me oye. Me oye y nunca me contesta.

CUPIDO

Soy Cupido. Así me llama la madre de Alberto. Soy una marmota doméstica, una rata de trigo o Hámster. Mi neurosis suele ser obsesiva. Alberto , al principio me quería mucho. Luego se cansó de mi. Me quiso por un rato, lo que dura un orgasmo. Me fue abandonando poco a poco y me dejó por el cine. Mientras yo le husmeaba los calcetines y le hacía cosquillas en los dedos de los pies, él se dormía viendo una u otra película repetida, le gustaba, se reía mucho y yo con eso sólo con eso, me sentía feliz de ser su ello. Pero se cansó. Le distraje un poco con mis juegos y me dio un puntapié. Tuvo que rebobinar la película. Se había perdido un momento erótico. Vi cómo se le empinaba el pene. ¡Qué horror! Y yo queriéndole hacer cosquillas… No supo aprovecharme. Le importa más la pantalla. Así me fui volviendo un poco solitario, idiota. Su madre me cuida, sólo me cuida. Me falta el cariño de él a ella no le importo y él no sufre por mí. Si al menos me hiciera una caricia, se olvidó. O tal vez no sabe, no tiene facultades para el tacto. Le da miedo. Busca la experiencia de otros. Se le va la fuerza por la boca. Le falta iniciativa. De vez en cuando me mira con desprecio. Como si yo le debiera algo. Ya se ha olvidado de cuando me compró. ¿Ya le vale! Ni siquiera tres mil pesetas pagó por mí. Ahora me limito a soñar con otros agujeros. Necesito ratones. Necesito ser madre. Me cansa siempre la misma comida. No puedo roer. Me persiguen. No juego. Un día me metí en el cajón donde están sus calzoncillos, les hice algunos agujeros y la que se armó. Fue la única vez que me cogió del rabo. Pero él no sabe que yo necesito hacer agujeros grandes, agujeros que me den libertad, que me lleven al campo. La angustia comienza a debilitarme. Moriré sin nadie a mi alrededor. Sin familia que me lama el hocico o husmee mis barbas. ¿Adónde está el queso que me prometió al verme? Empiezo a sentir fobia por el cine. Este es el error y el horror de las estancias hechas por los hombres. La casa ya me resulta un peligro de muerte. Su madre es buena. Yo necesito algo mejor. Soy una rata con muchas posibilidades. Además mi deseo sexual aumenta. Aquí no veo nada propicio para la fecundidad. Ni siquiera me apetece echar un polvo. Tengo que hacer algo para irme. Quiero ver lo exterior. Me estoy volviendo histérica. Me niego a morir… sin gozar. NOSOTROS Somos los que pasamos. Los que estamos entre el uno y el otro. Entre ella y él. Unos tenemos mascotas, otros no. Nos aguantamos el ello o lo sufrimos solos. Entre tú y yo. En el vacío de esta inmensidad, somos y estamos porque hemos nacido. Los que, muchas veces intuimos la verdad y otras muchas, la ignoramos. La verdad a secas que es un cuadro colgado de frente, de lado, de espaldas. Nosotros, los indiferentes a tantas miradas tristes de cada uno, encendidas, a oscuras. Nosotros, encogidos en un rincón del pánico que contemplamos los fondos de luz que se encienden y se apagan. Nos gusta oír o intuir la intermitencia de las posibilidades. Los cotilleos se quedan para los otros, los que no entienden de comunicación. Nos gusta ver y apreciamos cómo gotea la pintura manchando las paredes: sangre del corazón maltratado o tal vez arte de vanguardia. Sí. Es una crisis, un tedio, un vértigo, una locura… o el verdadero éxtasis de lo que merece la pena y que tanto nos cuesta aceptar como tal. Nos quedan los símbolos, esos monstruos con historias manoseadas, enmascaradas y sus múltiples orígenes e interpretaciones que nos perturban. Necesitamos aprender a ser sencillos. Vamos muy cargados de papeles, de nauseas y cuando llegamos a la supuesta casa, refugio, hogar, nos quedamos en blanco con algunas imágenes que se evaporan en un tiempo perdido. Y casi automáticamente nos convertimos en alumnos de la televisión, porque es más fácil saber que nos distraen. ¿Y, para qué leer si lo sabíamos todo o casi todo y la mirada del artista nunca va impresa en la propaganda… ¿A quién le importa lo que piensa o siente ese tarambana? Y si, lo recogemos todo menos la buena conducta. Lo tiramos todo porque somos creadores de basura. ¿Qué nos incumbe eso de intuir el arte? Nos sobra el poema. Sólo comemos noticias. Lo que nos dan porque somos incapaces de profundizar en el engaño. El ornamento de la realidad, es tan multicolor que ya no nos sorprende el Arco Iris. Estamos enfermos de hastío. A todos nos pasan cosas. El misterio de una mirada estallando emociones… ¿A quién le importa? Estamos muy cómodamente comprometidos con la ignorancia. Nos han dicho que es peligroso pensar, sentir, soñar. Sabemos que siempre falla algo en las relaciones y existe el riesgo de sufrir, sufrir por alguien. ¿A quién le gusta esa responsabilidad? Ya no sirve nada que no pague algo. Somos tan diversos y eso nos hace libres o cómodos. Nos asusta amar, comprometernos. Nos cansamos de ver. Vamos cargados de todo y no tenemos nada a la hora de irnos. ¿Y quién realmente sabe lo que hay más allá? El tiempo de ser se esfuma con la prisa. Yo, tú, él, ella, ello, nosotros, somos parte de una posibilidad investigadora, vivenciad, humana, dulce, fiera, palpitante, sabia… que, tal vez nunca realizaremos. Buscamos lo posible en lo imposible y todo está tan cerca, en el instante, adentro. Queremos abarcar la música del universo y todavía no nos hemos puesto la mano en el corazón para sentirla tan cercana… Nuestro espíritu avanza, se esfuma en los miedos, en la cobardía de no querer ser niños, siempre niños para crear Amor. Si nos dicen que nos aman un poco, nos asustamos, echamos a correr y vamos gritando que eso no es cierto. No damos la oportunidad porque no somos oportunos. Podemos sacar de esta materia personal, esa luz que unifica vivencias más auténticas, y no lo hacemos. Nos olvidamos que la materia se transforma. Le ponemos mil dificultades a los sentimientos y rompemos lo mucho que se nos da en esta hermosa sutileza de la vida que es tiempo y espacio para amar y ser amados. Nosotros . Esta intimidad sacrificada sobre la tierra. Nosotros. Somos nosotros, los únicos protagonistas de todo lo que no vivimos. ELLO

No sé por qué me han citad en este lugar tan extraño. No. Si no tenía que haber venido. Miau marramao may… ¡Qué asquerosidad de vida! Con lo bien que estaba yo en el sofá lamiéndome los morros y por aquí sólo hay cacas de perro.

– Hola.- Hola Guau- Hola. ¿Llevan mucho tiempo esperándome?- No. No tenemos relojes. Las ratas y los perros no medimos el tiempo. Yo sólo en los agujeros. Espero que ustedes no me persigan. Soy el más pequeño. Pero hemos venido a hablar de algo importante ¿no es así?- Si. Sí. De nuestros amos. Guau, guau, guau! Pero mejor nos presentamos. Empieza tú gatita que pareces la más presumida y la más delicada.- Oh! Gracias por los cumplidos. Trabajo me ha costado salir de casa. Mi nombre es Tula. No soy bruja pero aspiro a ello. Soy muy blanca como podéis ver. Mi pelo es corto, mi raza ni se sabe, creo que muy común. Me han domesticado.- Anda ¿Y eso qué es?- Guau que la han educad muy bien sus amos.- ¡Qué fina!- Sí. Soy muy coqueta. Me gusta bailar frente al espejo de una puerta. Será porque vivo con un artista. Su esposa es Silvia. Intento afilarme las uñas en las alfombras de la casa, pero desgraciadamente no tengo uñas. Me las cortaron o mejor me las arrancaron de cuajo y lo paso muy mal. ¿Vosotros tenéis uñas?- Yo sí, guau, míralas, míralas!- Yo no. Yo no. También me las cortó la madre de Alberto.- Tampoco tengo ningún gato que se monte en mi lomo o me haga compañía. Sí, ellos, mis dueños me quieren, son mis dueños, pero son unos guarros se engañan mucho y no son del todo felices, creo que se engañan o me lo parece.- ¿Cómo se engañan?- Pues como lo hacen los hombres y las mujeres. Se mienten. Mi artista estos días, no hace más que suspirar y llorar. Luego se toca su pilita y se queda con los ojos muy cerrados. Yo lo contemplo y me da pena. Luego viene su mujer y le dice que ha estado toda la mañana trabajando y yo sé que es mentira.- Guau, guau… ¿Y tú no le puedes decir nada?- Claro que le digo, marramizo, ronroneo, hago fufú y fu a solas, maulló que es como si le gritara, pero él no reacciona, sólo me acaricia. Me gusta su mano, tiene mano de gato sin uñas. Me he acostumbrado a vivir de mimos. Silvia es igual, también vive a su aire, en el baño se toca eso…- ¿Qué es eso?- Mira ratita, ya es hora de que te enteres. La rajita. Los hombres y las mujeres hacen todos lo mismo que nosotros nada más que se esconden. Se esconden de ellos mismos, no de nosotros, piensan que no les vemos. Yo puedo verlos desnudos y no importa. Son muy raros. Sin uñas apenas me siento feroz. Silvia me manosea mucho. Me convence siempre con sus palabras cariñosas. A veces le pido leche y me da granos. No entiende muy bien lo que le digo en mi maullido. Sé que no está satisfecha sexualmente, lo siento cuando me acurruca en su vientre. Sienten. Sufren y hasta les da vergüenza lamerse el culo. – ¡Cómo habrá humanos así! Guau.- Requetemiau, porque no se aman nada más que con palabritas finas.- También es porque no tienen patas como nosotros.- Guau y porque llevan bragas y calzoncillos.- Reconozco que soy una gata neurótica. Quieren saciarme con sus manos pero yo necesito gato y ellos necesitan más vida sexual, me dan lo que les falta, eso, más… mete y saca. Lo trágico, lo verdaderamente trágico es que Silvia quiere llevarme al veterinario.- ¿Para qué?- Quieren esterilizarme. Y no puedo. No puedo escaparme.- Guau, guau, guauuuuu Hoy te has escapado. No vuelvas. Queremos ayudarte Tula.- Eso. Eso. Queremos ayudarte.- Me aguanto las ganas de todo para que no me lleven, si me ven formal no me llevarán. Me froto el sexo en el cristal limpísimo de la mesa bajita y así voy tirando. Me gusta verme tonta. Pero esterilizada, no, eso no… ¡Qué vergüenza!- Guau, guau, ¿y tú cómo te llamas?- Cupido.- ¡Ah! Pero eres ratón.- Sí.- Yo creía que eras una rata.- Debo ser las dos cosas. A veces tengo inclinaciones homosexuales. Pero la madre de Alberto me bautizó con ese nombre y me gustó mucho. Cupido es bonito. Soy una marmota, pero también marmoto. Cómo has dicho tú Tula… ¿damestitodo?- ¡No sabes hablar! Requeteguau guau guau- Tura dijo domesticada. Así que tú eres un domesticado.- Eso. Damoestilado. Soy un ratón de trigo, ellos dicen que soy Hámster. También teurótico, como tú, Tula. Soy muy obsesivo, según afirma mi dueño Alberto. Son palabras raras que no llego a entender, lo entiendo por la repetición. Al principio Alberto me quería mucho. Luego se cansó de mi. Por un rato era su distracción, luego me cogía del rabo y me tiraba por los aires insultándome.- ¡Qué bestia! Miau, miau… ¿Y no lo denunciaste?- ¿A quién? Me abandonó por el cine. Yo le husmeaba los calcetines. Le hacía cosquillas y le gustaba. Le soplaba en los dedos de los pies que los tiene muy largos. Se reía a carcajadas. Y con eso, sólo con eso me sentía feliz, mi colita se movía sola de gusto y requetebién. Le distraía con mis juegos erroticos.- Se dice eróticos guauguauguauuuu- Eso. Erráticos… Hasta que un día se hartó de mí y con su pie grande casi me aplató y luego me tiró hasta la puerta.- Te dio un puntapié. ¿Y no lo mordiste fuerte? Miau miarramiauuu?- No. Mi amor es ciego.- Guau, guau, yo le hubiera mordido en los cataplines.- ¡Qué lenguaje! ¿En los cata qué….?- … plines. Lo que está al lao del pito gua guau. Merece tu dueño tener un cerdo en vez de un ratón amable como tú.

Si. Veía películas porno. Se le empinaba mucho el pito. No supo nunca aprovecharme, se quedaba mirando a la pantalla y así se pasaba horas y horas, tocándose por aquí por allá. Y eso, todas las noches. Por eso me volví un ratón solitario. Y menos mal que su madre me cuida. Vivo gracias a ella. Pero me falta la atención de él. Me importa. Sufro. Si al menos me acariciara un poco… Pero no. No sabe, le da miedo el contacto físico, todo contacto. Se fija en lo que otros hacen. Le falta experiencia. Eso que llaman impulso vital. Y me mira con desprecio como si siempre le doliera algo.

– Miau, miau, ¿por cuánto te compró?- Ni llegó a tres mil pesetas.- Valiente cochino. ¿Y cómo te las arreglas guau guauuuu?- Sueño que hago agujeros. Pero necesito ser padre. No puedo roer. Un día me metí en un cajón a curiosear sus calzones. Hice varios agujeros, me descubrió me cogió del rabo, pedí auxilio a grito pelado, imité a los grillos y a las chicharras con mis chirridos, a ver si se apiadaban de mi ¿y sabéis qué hizo?- Guau guau ¿qué hizo?- Dilo, dilo, qué hizo… miau miau?- Me tiró contra la pared y me rompió un diente. Él no sabe que yo necesito hacer agujeros, grandes, pequeños, medianos. Necesito irme lejos, al campo…- Así no puedes seguir viviendo Cupido, por mucho amor que sientas. ¡Guauuuuu!- Es muy fácil hablar, ¿pero dónde está el queso? Siento fobia por el cine. Cuando pone películas me dan mareos, nauseas… Es el error de todas las cosas que hace este hombre, y lo que necesita es una hembra. Se le va a desgastar el pito de tanto tocárselo. Su casa es un peligro para mí. Moriré- sin familia que lama el hocico. Y aquí no veo ni una rata. Tengo que irme. Me estoy volviendo tonto. Me niego a morir… sin gozar. – Guau, guau, guau, ¿qué te pasa Tula?- Miau, miiiiiaaaauuu requetemiiiaauu, estoy llorando. Cupido me ha tocado los bigotes, las venas más sensibles. El corazón me late ¡Ay! Ayyyyyyy! Qué amos tenemos Cupido y nadie lo sabe… Pero tú no nos has contado nada perrito, a ver, dinos ¿cómo te llaman? Que no hacen más que hablar y aún no te has presentado.- Guau, guauuuu, guau gua Yo soy Eros, el perro de ella. Creo que yo soy el más feliz de los tres. Vivo en un apartamento que es para mí solo. Mi padre era un grifón, mi madre una coker spaniel muy sumisa. Mi dueña me quiere mucho, me alborota el pito con la punta de su pie y se ríe muchísimo y yo me lo paso bomba, luego se lo cuenta a sus amigos y a mi me encanta eso, ladro como loco de felicidad, gruño, aúllo, me arrufo, ululo y hago piruetas y todo. Sus amigos la joden como quieren y poco más y ella tan erótica como las perras.- ¡Qué envidia nos das Eros! Miau, miau… Y le gustarían los gatos a tu dueña?- ¡Quién fuera perro!- En vez de cortarme el pito, me ha dicho que me va a buscar una perro perra y desde que lo ha dicho, me meo por todas partes. Espero que no me presente a una bulterrier…- ¿Y eso qué es?- Miau, miau, miarramiau, eso es una marca de perro. Estás muy limitado con el lenguaje Cupido y eso que ves tantas películas…- No me riñas Tula, es que no damos para más los ratones. ¿Te parece poco las cosas que nos hacen? Siempre estoy corriendo de los gatos, tú eres una excepción.- Oh! Gracias Cupido, a mi no me gustan los ratones, sólo para jugar. Aunque tuviera mucha hambre nunca te comería. Miau, miau…- Guau, seguro que me presentará a un afgano. Conoce mis gustos. Ella hace una cosa que llaman fornicar, que es lo mismo que hacemos nosotros pero – en fino, claro, nosotros no usamos esas palabrotas. Ella todo lo hace a su gusto, como quiere y le da la gana, primero duerme con su amigo y luego se enamora de otro. Es muy salvaje. Pero estamos mucho tiempo juntos y yo le soy muy muy fiel. Mi dueña no se siente culpable de casi nada, por eso soy un perro libre. Me siento dueño de su casa y es por eso que os he buscado, quiero llevaros allí. Tú, Tula podrás conservar tu sexo intacto, sin miedo a los veterinarios. Tú, Cupido, podrás hacer agujeros por donde quieras, yo sé uno por el que podrás entrar y salir a la calle y tener tu habitación propia hecha por ti y te daré todos los calcetines que quieras. Pensarlo y veniros conmigo a mi casa. Sois mis amigos ¿no?- ¿Tú qué opinas Tula?- Miau, miau, miau, miau. Es muy difícil elegir. Protestamos. Queremos vida sexual y ya ves, ahora dudo. No puedo dejar a mis dueños. Soy muy muy esclava de lo que siento.- Eso. Eso. De lo que sentimos. ¿Qué diría la madre de Alberto?- Guau, guau, guau: hagamos una cosa. Os doy una semana para pensarlo. ¿De acuerdo?- De acuerdo. Miauuuuu- De acuerdo. Chirs… chisss- ¿Qué has dicho ratoncito Cupido?

– Nada, nada… era una especie de rebuzno.

Pasó una semana. Yo los estuve esperando en el sitio acordado. Pero ni Tula ni Cupido acudieron a mi cita. Volví a casa muy triste. No hay derecho a que unos seamos tan libres y otros tan esclavos. Somos nosotros mismos los que podemos elegir una vida mejor. Pero nos coaccionan. Nos dejamos… la costumbre es odiosa.  ©js

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 GLOBOS

Por Julie Sopetrán

Podemos imaginar a un niño con su globo, se le ha escapado de las manos y algo multicolor flota en el aire, es un globo que puede tener múltiples colores. Pero el glPodemos imaginar obo, lo global, el glóbulo y la globalización ¿tienen algo que ver? Es sin duda, una palabra moderna nacida, seguramente, en un foro con pequeña audiencia.  O es el resultado abstracto de alguna convención pensada para imaginar el futuro de la humanidad. Lo cierto es que el pasado año, por estas fechas en Nueva York,  se celebró un foro para hablar sobre las cuestiones económicas y financieras de la sociedad mundial. También es verdad que mientras esto pasaba en el Norte de América, en el Sur, se celebraba otra convención llamada Foro Social de Porto Alegre, en Brasil.  Así nacían los dos globos gigantes de los argumentos. ¿Y cuáles son los argumentos? Esta es la base que tenemos que conocer los ciudadanos de a pie que apenas si nos enteramos de nada.
El gran lema del foro económico es: La globalización es la única vía para acabar con la pobreza en el mundo y la globalización es algo inevitable porque es la suma del progreso técnico. A la vez en Porto Alegre se decía: “Cuánto más crece esta globalización, más ganan los ricos y peor están los pobres, pues bastaría orientar el progreso técnico hacia el interés social pensando en todos, para organizar otro mundo mejor, que es posible que así sea.”
Lo opuesto, lo dispar, lo fanal esférico, el cómo cubrir la luz para que no moleste a la vista, el globo, los dos globos giran y hacen sombra en el inmenso cielo de… los mercados. Porque la compra y la venta, la oferta y la demanda es el viento que cruza el mundo de un extremo a otro. Las acciones, las sociedades, los seres humanos, las ferias, los jornales, todo es mercancía en manos de los poderosos.  Y eso que no traemos a nuestro cielo los globos del tráfico de armas, de droga, de inmigrantes, niños, prostitución…  mercancías que se pagan al contado o a plazos, mercado nacional, mercado mundial.  Así crece y decrece el gran globo de la economía. Economía de mercado, mercado de competencia perfecta. Así amigos míos nace otro gran globo que apenas si nos deja ver el cielo: la competencia. Los globos bajan y suben, suben y bajan, algunos explotan, se ajustan al ambiente, otros se mantienen. De todo esto nace el egoísmo, el afán de cada uno de nosotros por tener más, por vender más, por comprar mejor. Ya formamos parte del gran globo. Pero como muy bien analiza José Luis Sanpedro, en todo esto, hay siempre una “mano invisible” que al luchador de la clase media le resultará difícil el mercado. Todo es muy complejo, y hay siempre detrás una información que no tenemos a mano y son unos cuantos los que manejan los precios, la publicidad, las ventajas de la inversión del otro. La manipulación. El egoísmo crece. ¿Quién pone condiciones?  Sin dinero no se puede comprar nada, el monopolio, la libertad, la tiene el dinero. Son los globos y los globitos el débil y el fuerte mostrando sus colores en el aire. ¿Quién compra en el mercado libre? Quien tiene dinero. Unos cuántos banqueros y otros tantos políticos. Los demás tenemos que pagar impuestos y hacer declaración de la renta. No podemos ir a la tienda sin dinero, y aún para comprar pequeñas cosas tenemos que hacer cola.   Yo escribía hace poco en este mismo periódico, que un emigrante rumano, en España, no tenía derecho a elegir, porque su jefe le compró el coche que el empleado no quería comprar. Lo todavía más triste, es que el coche lo puso a nombre de la empresa y meses después el empleado descubrió que ni siquiera era suyo pero sí le estaba pagando los recibos al jefe. La carencia de libertad nos condiciona por todas partes cuando no disponemos de una situación económica adecuada. Es así que estamos en manos de multinacionales muy poderosas que son las que rigen secretamente los mercados. Estos globos gigantes se comen a los globos pequeños que ululan por el medio ambiente. Porque también somos seres ecológicos, dependemos de la naturaleza ya contaminada, ya triste.  Dinero también son las talas en la selva amazónica; dinero es el petróleo, recordemos las playas negras de Galicia, el chapapote destructor de moluscos, de pesca, de ambiente…  La mano invisible que hacía dinero, se hace visible en pleno océano y se conoce públicamente su gran interés comercial, beneficio privado a costa de quien sea y como sea. ¿Dónde están las regulaciones?  Los poderes públicos realizan también intervenciones en los grandes mercados.  Hay muchos globos que nos hacen pensar, “el complejo industrial-militar”, su beneficio crece con la guerra, asegura José Luis Sanpedro, la guerra ante la que reflexionamos hoy en el mundo. “Lo que es bueno para General Motors, es bueno para Estados Unidos” ¿Se puede decir eso igualmente para otros intereses o negocios a gran escala?  Hoy, en España, vemos cómo el poder público, la justicia, no actúa bien con el más pobre, vemos en programas de televisión, cuánta gente inocente hay en las cárceles y no pueden salir porque no tienen dinero, sin embargo, vemos también cómo grandes estafadores, están en la calle libremente y sin que nadie los juzgue, no pagan ninguna condena necesaria y sin haber devuelto el dinero de la estafa al país. Nos hemos olvidado que en el trueque primitivo, había algo indispensable como es el saber compartir. Los avances de la ciencia, el bienestar, los descubrimientos, la tecnología han transformado las economías, la revolución industrial nos ha llevado demasiado lejos, lo tecnológico y lo institucional ya no nos sirve para casi nada. Falta por ver el resultado de un globo inflamable: Internet. Los gobiernos y los grandes inversionistas son los que tienen el globo en sus manos. Todo es posible en la transferencia y en la operación privada, que se nos escapa de las manos. La ausencia de control nos desconcierta, nos asombra, el asombro de la sombra de esos grandes globos sobre nuestras cabezas, las cabezas de la masa candente que también piensa en silencio.  A ese gran conjunto de  decisiones económicas, los grandes globos, desde ámbitos gubernamentales es a lo que hoy llamamos globalización, el poder libre el poder que se nos escapa de las manos al humilde ciudadano de a pie que es quien realmente mantiene la cuerda. Ese gran mercado mundial hecho de grandes señores que viajan por todo el mundo, toda una red mundial de señoritos feudales, eso es la globalización, gente que compra y vende a su antojo y estabiliza los mercados, los precios, los abusos y nos dicen lo que debemos o no debemos comprar, vender y llevarnos al alma.  Lo instantáneo ha creado lo libre.  El famoso “liberalismo”. Dejemos este tema para otro día.
Para terminar hagamos la reflexión del millón, y es que esta globalización no es para nada democrática. Es más bien un fundamento desregularizador.  Los fines lucrativos aumentan, los intereses paralelos, los mercados mundiales financieros actúan con un mismo sentido. Las riquezas se concentran en un solo poder económico. Y el globo así se convierte en bomba. Hay que conocer las redes, los hilos que nos mueven por tierra mar y aire. Lo global debiera ser “común a todos” pero no es así, no estamos liberados del hambre, del dolor, de la destrucción masiva, de tantas cosas que cada día vemos en las noticias de todo el mundo.  Dependemos de unos pocos, los privilegiados, pero la desigualdad existe, las Naciones Unidas tienen datos de ello.  En el foro de Brasil y de Barcelona en junio del 2001 se proclamó que otro mundo es posible, dando así respuesta a la Conferencia del Banco Mundial y el Foro Monetario Internacional. Un mundo para todos, porque el globo terrestre es de todos. La manipulación de mercados no puede llevarnos a un bien común. El fundamentalismo del pensamiento único neoliberal, sólo puede aportarnos desigualdad e injusticia. El futuro no está en los mercados, está en África, en  ese Tercer Mundo, todavía virgen, que espera más solidaridad, más acercamiento del que puede y no quiere.  La globalización nos lleva al desastre, a matar por matar, la muerte de inocentes es el resultado de lo abismal, la tierra es testigo de lo que hacemos y si no tomamos conciencia, la misma tierra, el globo hinchado de injusticias nos terminará destruyendo a todos por el gran mal que es el egoísmo humano. Creo que nos toca vivir la época de la reflexión ya que si no estamos implicados, nos implican y tendremos que saber defendernos en esta nueva y modernísima guerra mundial.  ©js

 

22/03/03                                                                                  Foto de internet

EL PETROLEO

Por Julie Sopetrán

Muy pocas veces nos detenemos a pensar en las cosas que nos rodean, me refiero a las cosas más importantes y por las que la humanidad lucha y mata. Cosas tan poderosas como el petróleo, por poner un ejemplo actual.  El petróleo es un mineral, una roca orgánica ancestral.  Digamos que hoy por hoy es el primer poder mundial. Es la materia prima de toda nuestra industria. Sin petróleo la humanidad hoy volvería casi a los tiempos primitivos o por lo menos a la Edad Media.
Ya en el primer libro de Moisés, se habla del conocimiento del asfalto en el Mar Muerto. En Nínive y Babilonia se utilizaba para unir una piedra con otra, para pegar los mosaicos… Para  embalsamar a los muertos en Egipto. En esta época, el petróleo en lo que hoy es Irak, brotaba como el agua de una fuente natural, agua extraída del río Is. Este río es un afluente del Eufrates, fuentes que todavía existen. Los datos referidos al hallazgo del petróleo se pierden en la antigüedad y son innumerables.  El Capitán Barker, hablamos del siglo XVIII, ya describe hablando de sus viajes por Birmania, la extracción del aceite mineral en las fuentes de Rangoon. Los antiguos indios se valían para extraerlo de métodos muy primitivos. Dice que hundían en el manantial grandes paños de lona hasta empaparlos en líquido, escurriéndolos después para almacenar tal tesoro. Una especie de fregona primaria. Pero este mineral se conocía en todos los lugares de la tierra, en Alemania, en Rusia, en Japón… En éste último país, se utilizó para el alumbrado en pleno siglo XVI.   Marco Polo, por el siglo XIII, cuenta que la nafta del Cáucaso era transportada en camellos hasta Bagdad  y servía para el alumbrado.  También dice que vio una fuente manando  este caudaloso aceite y que durante una hora podían haberse cargado 100 barcos de su prodigioso caudal. Pero  este gran tesoro caucáseo llegó a su plenitud cuando Bakú pasó a poder de Rusia.
A medida que se han ido descubriendo sus aplicaciones, la cantidad de productos  sacados de este crudo, se puede recordar a Schreiner, a mediados del siglo XIX, se dedicaba a extraer productos de engrases para los carros. Evaporaba el pisasfalto y así cierto día, se dio cuenta que la caldera donde había efectuado el experimento, se había condensado una pequeña cantidad de un líquido claro que él no conocía. Lo consultó a dos dependientes de farmacia de la ciudad de Lemberg, entre los tres comprobaron el valor y así se les ocurrió construir un aparato destilatorio que les permitieran obtener mayor cantidad de aquel líquido. A fuerza de tiempo y experimentos, treinta años después, iluminaron gracias al petróleo el hospital de Lemberg.
Los primeros yacimientos descubiertos en América, datan de una carta del monje franciscano Rothe d´Állion, fechada en 1629. Esta carta habla de los manantiales neoyorquinos. En aquella época el petróleo se usaba para la medicina. Entre los muchos datos curiosos figura que un galón de petróleo, costaba por aquel entonces 16 dólares, rebajándose dicho precio a un dólar en mil ochocientos cuarenta y tantos. La ley de Economía decía  que un producto será tanto más caro cuanto mayor su escasez. Por aquella época se hacían pozos para buscar aguas salínicas, fue así como se encontró petróleo. Los dueños de las tierras se ponían muy tristes cuando encontraban este líquido aceitoso porque entonces no se sabía de su riqueza. Y lo maldecían porque creían que era una impureza más del agua salínica. Hasta que un tal Sam Jarvis en Texas, se lanzó a dejar que experimentaran en sus pobres tierras, él fue un simple granjero y después un gran millonario. Este hombre conoció a otro que se dedicaba a explorar los suelos para la minerología, pronto invadió las tierras de Sam con ingenieros, técnicos, operarios… Pronto se olvidaron de las granjas, de los sembrados, todo era pisoteado con máquinas y experimentos. El aparato técnico empezó a funcionar y así estalló el petróleo.
Luego se descubrió por qué el petróleo está debajo del suelo, los geólogos llegaron a grandes conclusiones, el petróleo se formó  en tiempos muy primitivos en la Tierra. En la Era Primaria, como lo es el petróleo de Pensilvania y Kentucky. En la Era Secundaria, como lo es el de Texas, Colorado y Galitzia. En la Era Terciaria, como lo es el de California, Caúcaso, Bacú e Indias. En la Cuaternaria como lo es el petróleo del Mar Muerto, incluso en la Era Primitiva como el petróleo de Venezuela.
Los grandes sabios todavía hoy no se han puesto de acuerdo de cómo se formó este tesoro mundial que hoy utilizamos tan libremente. Hay infinidad de hipótesis que se pueden resumir en dos grupos: el origen orgánico y el origen inorgánico.  ¿Qué quiere decir esto? El orgánico dicen los estudiosos, que procede de organismos cuyas partes fosilizadas se encuentran entre rocas sedimentarias; y la parte inorgánica, se debe a que el petróleo deriva de la acción del agua sobre los carburos metálicos del interior de la Tierra. Así de fácil y así de complicado, tanto en un caso como en otro, el proceso viene modificado por presiones y temperaturas elevadas. La teoría orgánica tiene más adeptos. Lo curioso es que unos hacen derivar el petróleo de las partes volátiles de los mantos de carbón fósil; otros, de la destilación de las plantas acuáticas; un tercer grupo de la destilación de restos animales como peces, moluscos, corales…. Hay otro grupo que habla de los lodos que contienen en abundancia bacterias y microorganismos. La teoría que funda el origen del petróleo en los restos vegetales, probablemente sea la que más se acerque a la realidad. Es por tanto una mezcla de hidrocarburos líquidos que, a su vez contienen otros sólidos y gaseosos. Los hidrocarburos son unos compuestos especiales de carbono e hidrógeno. Por eso existen tantas clases de petróleo como distintas fuentes existen. Cada fuente tiene pues, sus características especiales. El color también puede ser distinto
y variado, desde el pardo-amarillo, hasta el negro.  Su densidad, su olor también son especiales.
Hemos visto en Galicia, cómo el petróleo derramado flota en el agua. Hemos visto en las películas, esos castilletes de forma tronco piramidal de unos 10 a 25 metros de altura. Un andamiaje simbólico… todo depende de su profundidad. Uno de los pozos más profundos que existen, se encuentra en Virginia. Tal vez es el ámbar y el asfalto, del grupo de los carbones, familiares del petróleo, constituyen los tres la clase X de la clasificación químico mineralógica de Groth. El petróleo es pues, una putrefacción, una descomposición de organismos orgánicos, en toda putrefacción se desprende una cantidad de gases que crean la alta presión en el interior de la Tierra. Esta presión contiene una fuerza brutal. Por eso los manantiales antiguos disparaban su caudal al aire. Hablar de las refinerías sería muy largo y laborioso, estamos centrándonos en el petróleo en bruto. Pero a veces nos hemos preguntado, ¿cómo se transporta este caudal hasta las refinerías? Las tuberías de enorme longitud que forman las grandes redes de oleoductos o “pipe-lines” de cientos de kilómetros. Tal vez uno de los grandes proyectos de esta gran guerra de Irak sea la ambición de crear esos oleoductos. También existen los vagones cisterna. Y los famosos buques cisterna que cruzan nuestros mares y derraman tanto vertido entre las aguas contaminando así nuestro planeta.
Sin duda, el primer poder mundial es el petróleo, a él le debemos nuestro confort, ¿qué haríamos hoy sin gasolina, sin disolventes, desengrasantes, alumbrado, aceites, motores de aceites pesados, motores Diesel, el aceite lampante o queroseno, la vaselina, la parafina, el alquitrán o asfalto de petróleo… etc. etc.. La industria moderna se nutre de este oro negro incansablemente. Los automóviles, la aviación, los barcos, los tractores, las motos, los trenes de alta velocidad…El progreso en general necesita de la bencina para subsistir. Existen países con yacimientos de petróleo, existen otros que no pueden mantenerse porque no tienen yacimientos… ¿Se podrá fabricar bencina sintéticamente con materias primas propias? Ya se está haciendo mucho. Pero si existen guerras como las que hoy vivimos, quiere decir que el petróleo sigue siendo el rey del mundo. El profesor Fischer y su colaborador Tropsch, ya han experimentado con el óxido de carbono obtenido, dirigiendo vapor de agua a carbón candente, al que hay que hidrogenar luego, así se obtiene la bencina sintética. El “cracking” ya está a punto de llegar a su esplendor, pero parece que mientras haya crudo, la ciencia se encuentra en el desván todavía experimentando. Vivir para ver. La Madre Tierra no cesa de darnos bienes, barriles, millones de barriles de petróleo, el beneficio es sólo para unos cuantos, aunque muchos los disfrutemos también día a día. Si en 1920 ya se recogieron unos cien millones de toneladas, en el año 51 más de quinientos noventa millones de toneladas, por ese mismo año Estados Unidos produjo más de 2000 millones de barriles; Venezuela 580 millones; La Unión Soviética 270 millones; Irán 240 millones; Arabia Saudita 190; Kuwait, 124; Méjico 72 millones e Irak 58 millones…  Y estoy hablando de 1952, cuánto no nos da la Madre Tierra y nos ha dado desde entonces?  ¿Cuántos son los ingresos desde estos años de las compañías petroleras? ¿Y qué hacen esos “trusts” por la pobreza en el mundo? Cuántas y cuántas preguntas podríamos hacernos ante una reflexión profunda sobre este tema. Un tema que acaba de empezar con una guerra tan sofisticada y elitista como la de Irak. Nuestra reflexión puede llegar a las profundidades de la mismísima tierra y como el petróleo vegetar ácidos demasiado ricos para que los digieran sólo unos pocos. Vivir para ver pero mientras tanto, agradezcamos a la Madre Tierra, sus tesoros. ©js

Mi interés por el petróleo se lo debo a Chevron Oil Company, donde trabajé cuatro años.

 

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EL DERECHO A ELEGIR

Por Julie Sopetrán

Nuestra sociedad no avanza, retrocede en valores morales y eso lo sabemos todos los días por los resultados amargos que nos afectan. Somos  una especie salvaje y por eso vivimos las innumerables atrocidades que nos acechan nada más salir a la calle. Anoche, una vez más, tuve que reflexionar sobre los hechos. Y sentir la impotencia ante la hermosa visión de las estrellas.
Son rumanos, como podrían ser rusos, ecuatorianos, búlgaros o marroquíes, vinieron a buscarse el pan de cada día a España. Él es un hombre fuerte, sonriente, amable, apenas si habla nuestro idioma. Ella aprendió rápido las palabras imprescindibles para enfrentarse a la vida cotidiana, fue la primera que encontró un trabajo muy digno: limpiar casas. Así poco a poco fue situando a su familia y a través de su buen hacer, su esposo encontró un buen trabajo en algo nada fácil, que requiere coraje y que escasea en la industria española por el riesgo que entraña: el trabajo de soldador en la metalurgia. Al principio su piel se quemaba, pero había que salir adelante y así con el dolor de soportar la autógena iba pegando esas dos partes de una misma cosa: el metal de la lengua y la seguridad que le ofrecía su profesión nada común; por otro lado la fundición de un hogar estable en nuestro país. Los dos terminaron trabajando en la misma empresa, ella es muy codiciada porque limpia muy bien y él porque es un buen trabajador. Trajeron a su familia y hoy pueden comprarse un coche a plazos.
Me llamaron para que les llevara a la casa donde yo compré mi coche porque les gustaba mi modelo y estaba muy bien de precio, omito las marcas porque no tengo intereses en la competición, ni tampoco me gano comisiones, ni me dedico a la especulación. Les llevé a ver esos coches y nuestro soldador se enamoró de uno a muy buen precio, nuevo, a estrenar. A la hora de hacer papeles, supe que no estaban fijos a pesar de los años trabajando. Hubo que llamar al dueño y jefe de la industria  para que los avalara y cual no sería mi sorpresa,  que mis dos amigos se sintieron no sólo acobardados sino coaccionados a no comprar el coche que querían. Les mandó inmediatamente que fueran a su trabajo que les estaba esperando. A las dos horas, esta familia tenía otro coche, otra marca y el modelo que su jefe eligió. No había opción, su jefe pagó el coche en el acto y ellos pagarían a su jefe lo que les dijera, total la nómina la hacían en su oficina y la comisión se la llevaba el dueño, todo se quedaba en casa y tal vez el próximo año ya estarían fijos, mientras tanto… ¿Quién se mete a analizar la dignidad y el derecho? Estos trabajadores no tienen por qué elegir ese coche entre varios, “ese coche que han elegido no vale para nada, el mejor es éste que yo les voy a proporcionar, porque aquí no se necesita aval”  Acomodar la situación a la preferencia del que tiene el poder. Y aquella noche… mis amigos no sabían pegar muy bien los hechos, ni el metal ni el fuego armonizaban. Afuera les esperaba un coche nuevo, pero no era el que querían comprar.  En el juego alguien ganaba pero no podían decir nada, se jugaban mucho, su puesto de trabajo, su reputación ante el gran jefe. Pudo el temor, la necesidad. Me llamaron para decirme que les comprendiera y unas lágrimas se quedaron pegadas a los cables del hilo del teléfono. Después de las fiestas, ya no habrá Navidad en el corazón de los hombres, solo quedarán los que mandan y los que obedecen, porque no hay otra cosa ni otra alternativa. Este es el mundo que vivimos hoy, una esclavitud muy sofisticada, pensarían los negros de ayer. Pero al fin y al cabo lo mismo: la carencia de libertad, el derecho a elegir. ©js

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ESTADOUNIDENSE

Por Julie Sopetrán

En Estados Unidos, todavía hoy, la mayoría de sus habitantes no saben donde están parados. No. No es guasa. Sólo quiero decir que apenas se conoce la Geografía del Mundo en que habitamos. Para muchas personas que viven en el país más rico del mundo, la tierra empieza y termina en USA. y a partir de ahí lo que más se distingue es Inglaterra. Lo demás es bruma mental, ya que la pereza por aprender se prodiga. La gran realidad es que Estados Unidos es sólo una parte de América, una parte incompleta, un apéndice, parte añadida a otra. Pero muy poco interesó a los estadounidenses, que es así como debiéramos llamarlos, ni el Sur ni el Centro, ni mucho menos las otras dos partes del Norte, como es México y Canadá. Lo único atractivo para ellos fueron los grandes proyectos de pozos petroleros y su explotación, las riquezas minerales y los grandes negocios.

Es tal vez por eso que les cuesta tanto pronunciar el nombre gentilicio de su origen. Les cuesta trabajo decir: “yo soy estadounidense”, que ese es su verdadero “label”. Prefieren adueñarse de toda América y se llaman así mismos “americanos”, los demás son latinos, llamados despectivamente “spanish”. Y yo me pregunto: ¿Por qué no empezamos los latinos americanos, o los latinos españoles y toda la familia de latinos hispanos, mestizos, cósmicos, nativos, cholos o lo que seamos, por qué no empezamos a llamar a los de USA. por su nombre? ¡Pues claro! Una palabra con catorce letras, ni más, ni menos, demos a la lengua lo que le pertenece y seamos bilingües de cuerpo entero, parte de dos, cuatro y múltiples culturas, las nuestras y en las que vivimos muy dignamente.  Esth-do-oo-nee-denn´-say, que así es como ellos enseñan a pronunciarlo en su diccionario. Sí, ya sé que es muy largo, pero ese es su nombre. Se han dado casos muy tristes, yo recuerdo en California, el mismísimo Embajador de Estados Unidos en México, que fue nombrado en el gobierno de Reagan, con un español claro y redicho, decía a los mexicanos por televisión frases como ésta: “Nosotros los Norteamericanos y ustedes los Mexicanos”, como si los mexicanos no fueran tan norteamericanos como él. Y es que mucha gente no distingue, o no sabe todavía, o no quiere saber que México, Estados Unidos y Canadá, componen lo que hoy se llama Norte América. He oído a muchos estadounidenses decir dirigiéndose a nativos de Sur América eso de “yo soy americano” como si el otro no lo fuera… Para muchas personas Norte América termina en la frontera de Texas, lo mismo que para muchos europeos, Europa termina en los Pirineos que son unas montañas hermosas en el límite de Francia con España.  La palabra estadounidense tiene muchas posibilidades si la usamos, nos ayudará a definir identidades, es una palabra olvidada, llena de polvo entre ese tesoro de nuestro vocabulario.  Y no es tan difícil pronunciarla. Muchos “gringos” cuando estudian nuestra lengua, tienen que aprender riéndose la palabra “ferrocarril”, y a fuerza de gesticulaciones lo consiguen. Que hagan lo propio con “estadounidense”, ahí si que no tienen que pronunciar la “erre” tan molesta para toda la herencia británica.

¿Por qué dejar para otro día lo que podemos hacer ahorita mismo? Estadounidense, así como suena, para llamar a las cosas y a las personas por su nombre, para que cada americano tenga su propia identidad y nadie trate de monopolizar nombres que pertenecen a la morada de muchos millones de personas pero con diferentes descripciones: peruano, ecuatoriano, brasileño, argentino etc..  Todos somos americanos con diferentes adjetivos. Y si la lengua inglesa usa y abusa del “spanish” metiendo a todos en el mismo saco, ¿por qué no usar nosotros el adjetivo idóneo el que les pertenece a ellos correctísimamente y que tanto trabajo les cuesta aceptar? Reflexionemos acerca del buen uso de la lengua que es lo que nos define cada día, y lo mismo que tenemos esa facilidad, yo diría imaginación de crear vocablos como “lonchear”, “piscar”, “vacunar la casa”, etc. etc. debiéramos tener al menos la habilidad de llamar al pan, pan y al vino, vino. La palabra ESTADOUNIDENSE, es un ejemplo al que debiésemos recurrir, ya que este adjetivo tiene más, mucha más fuerza que todos esos otros adjetivos despectivos que podemos encontrar en el diccionario para definir al rubio norteamericano nacido en los Estados Unidos. Si practicamos más este gentilicio, llegaremos lejos, pues lo de “gringo” o “yanki” no tiene la misma autenticidad que “estadounidense”.

Yo me pregunto si estamos dispuestos a mejorar la lengua. Esa si que es otra cuestión. Si queremos que nos traten bien debemos usar bien la lengua, de lo contrario, no debemos quejarnos. Usar bien la lengua significa cambiar. Los cambios como sabemos son dolorosos pero a la larga triunfan. Si son cambios que nos dignifican. A cada uno de nosotros nos gusta que nos llamen por nuestro nombre de origen, con limpieza, con honestidad. Olvidando los conocidos “labels” y apodos que son, a la larga los que nos desfiguran socialmente. Saquemos al mercado de nuestro lenguaje una palabra que no ofende a nadie: estadounidense. Ya que casi todos tenemos el mismo apellido con esas pequeñas y grandes diferencias de Centro, Sur y Norte. Pero antes del guión, (-) nuestra identidad, y después del guión (-) al fin y al cabo: americanos, pero no unos, sino más bien: todos. ©js

 

Foto de internet

LA IMPORTANCIA DE SER LATINOS

 

Por Julie Sopetrán

 

No, latino no viene de latir, ni de latitud… Seguramente nunca nos hemos preguntado por qué nos llaman así. Seguramente nuestro latido abarca latitudes. Y es verdad que nos unen muchas cosas siendo de muy diversos países.

Nos llamamos latinos porque venimos de pueblos de Europa donde se hablan lenguas derivadas del latín. El latín era la lengua hablada por los antiguos romanos en el Lacio.  Y cuando los romanos entraron en España, allí se hablaban multitud de idiomas ibéricos. Roma impuso su lengua exigiendo el uso del latín.  Fue así como comenzó la lengua, ejemplo tenemos en Séneca, Quintillano y Marcial, que llegaron a ser verdaderos héroes de la literatura latina. Pero el pueblo no aprendió esta lengua a la perfección, se crearon variaciones lingüísticas y una de esas variaciones fue precisamente la del castellano.  Se originó esta lengua en la región de Castilla, siglos X y XI. Las Glosas Emilianenses son los primeros escritos de nuestra lengua. También el Cantar del Mío Cid, escrito en el año 1140. Con la Reconquista, el castellano se extendió por toda España, después se impuso en puntos del Norte de África, América y Filipinas. Hoy es la lengua oficial de todos los españoles y se habla en América Central y del Sur, menos en Brasil, que se habla portugués, y que no dejan de ser latinos ya que el portugués es una lengua también derivada del latín, como lo es el italiano, el francés, el rumano, etc. conocidas como lenguas hermanas. La base fundamental de nuestro idioma es pues el latín, y de ahí que nos llamen latinos. Aunque nuestro idioma tenga también raíces muy primitivas, germánicas, griegas, árabes… ¿Qué quiere decir esto? Que nuestra cultura, nuestras raíces son muy amplias. Hoy el Español es una lengua viva mientras que el latín y el griego ya son lenguas muertas, pero a ellas les debemos nuestra riqueza cultural, nuestra identidad y emblemática forma de ser y de pensar.

Hoy leyendo uno de los periódicos más importantes de España, como es El País, me he sentido muy contenta, uno de sus titulares dice: “Más hispanos que españoles”, se refiere a los más de 40 millones de la comunidad hispana o latina que constituyen hoy la minoría más grande de Estados Unidos. Está superando la población española. Y ya casi es el segundo país hispano del mundo, después de México y por encima de Colombia y España, dice este periódico. Hace un año se reunieron en la Casa de América en Madrid, una docena de profesores, líderes comunitarios, directores de centros de investigación, diplomáticos y empresarios españoles, donde se debatieron y analizaron temas que tienen que ver con la identidad hispana en EE UU. 

Actualmente en política, se cuenta con 22 congresistas de los 435 de la Cámara de Representantes. Los latinos todavía ocupamos puestos de trabajo peor pagados. En este foro se habló también de la discriminación a nuestro grupo étnico.

Lo que sí es esperanzador es que, por ejemplo, en California, desde 2001, más de la mitad de niños nacidos, han sido hispanos.  Si hacemos recuento, en el 2019, la mayoría de jóvenes adultos con derecho a voto serán latinos o hispanos, según estudios de la Universidad de California en Los Ángeles. Y así sucesivamente, tenemos que pensar que, por ejemplo en 2006, la mayor parte de niños que vayan a las escuelas pre-primarias de California, serán latinos. Que para el 2004, en las secundarias, también los estudiantes serán latinos. Que en el 2017, los trabajadores más trabajadores serán hispanos. Hay datos muy significativos: En julio y septiembre de 2001, de los 138.892 niños nacidos y registrados, 60,672, o sea el 50,2% han sido niños latinos los que han venido a este gran país. Así lo certifica el Centro de Estudios de Salud y Cultura Latinas de UCLA.

Yo me pregunto si el gobierno de los Estados Unidos está preparado para esta mayoría de hispanos en el presente siglo. Si el gobierno de Estados Unidos no hace nada por estos recién nacidos que se harán grandes, en cuanto a educación, salud, bienestar, es la comunidad hispana la que tiene que dar un avance y luchar para conseguir un nivel más alto en USA. El crecimiento no es sólo en California, lo es también en Nueva York, en Texas, en Nuevo México, en Florida… Reflexionemos ante las cifras de nacidos: los padres anglosajones fue del 31,4%, de asiáticos fue el 11,3% y de afro americanos, o afro estadounidenses, fue el 6,1% mientras que los latinos somos el 50,2%. Bien es cierto que dos terceras partes nacieron en el sur de California. En Los Ángeles, es donde nacieron más niños latinos en el 2001, un 63,5%. En Ventura el 52,1%. En Orange el 50,6. En San Diego el 45,5%. Estos datos pertenecen al Departamento de Servicios de Salud, también al registro de nacimiento de 1997 a 2001. Si comparamos, en el año 1975, el porcentaje fue del 26.5%, en 1980 el 29. En 1985 el 31.1%, en 1990, el 38%… Esto nos dice la importancia que tiene la palabra latino hoy en USA. El poder de compra de los hispanos equivale al producto interior bruto (PIB) de España.  Y no olvidemos que un 62% de los hispanos en USA procede de México. La identidad de los latinos en este país, será lo que los latinos quieren que sea, que aún no lo sabemos. La lengua es el eje de la identidad y la lengua española en USA será muy difícil perderla. España, sin duda, tiene mucho que aprender de ésta mayoría hispana, tiene que dejar su orgullo de lado, y tiene que aportar, con sencillez, su ayuda, su cooperación cultural y humana. El debate de periodistas, directores y demás interesados en la Casa de América en Madrid, ha sido interesante, pero España todavía se mira el ombligo frente a este crecimiento latino en USA.

Vivir para ver, y veinte años más, no es nada, California volverá a ser hispana. Y para ello sólo se necesita de esa fuerza de la educación que da la Lengua, una Lengua enriquecida por esas otras Lenguas, (identidades)  de América, que amplían la magnitud universal de nuestra raza.  ©js

Gregory Colbert1

By Gregory Colbert

 

 

FAMILIA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

 

Porque he nacido necesito comunicarme.

 

Creo que incluso antes de nacer, cuando habitaba en el vientre de mi madre y respiraba en su aliento, ya me estaba comunicando con la existencia. Ya palpitaba en pulsos y sensaciones intermitentes entre las arterias. Ya era música en el tacto interno de mi madre.

Debilidad o fragilidad o fuerza latiendo en delicioso silencio. A veces, intento recordarlo… y me alienta, me seduce, me calma imaginar tanta poesía inédita.

Sí, mucho antes de poder hablar, ya expresaba mis necesidades públicamente y tenía mi audiencia: mis padres.

Onomatopéyica mente les hacia entender que tenía hambre, sed, deseo de atención y cariño.

Creo que ha pasado muy poco tiempo desde entonces porque hoy, cuando necesito ser escuchada, igualmente emito mi reclamo con un sonido mucho más ordenado de lenguaje, pero esencialmente es lo mismo: necesidad de comunicación que no he dejado de practicar desde mi infancia.

Cuando siento el gran deseo de estar solapara escribir, trasmito la más pura señal de trato, de transmisión, porque hago ver a otros mi propia voluntad y será el papel, mi puente, y la pluma mi guía, para gritar lo que me pasa o lo que ardientemente quiero.

Así he aprendido, desde mi propia experiencia, que el estudio de la comunicación, y de los medios de comunicación, es el estudio de la propia conducta humana, de las maneras de proceder de las personas con relación a la moral o a las reglas sociales.

Comunicación es todo lo que hacemos, sentimos y pensamos. Incluso todo lo que somos desde las raíces de nuestra propia cultura, de nuestra propia infancia.

Desde la médula de nuestra propia familia, ambiente, posición social, lenguaje… Lo que no podemos o sabemos comunicar es lo que verdaderamente nos hiere y es también aquello que no sabemos del otro, o del conjunto, eso es lo que realmente hiere nuestra sensibilidad.

Comunicación es también lo que no hacemos ni pensamos, porque el hecho de estar vivos, presentes o estáticos en el universo, ya es bastante para comunicar, para emitir comunicación.

Pronto aprendí a escuchar lo que pasaba por el mundo, las grandes novedades, las terribles noticias, los primeros aparatos de radio, el nodo, la televisión, la guerra, la crisis familiar, los hippies, el divorcio, los niños abandonados, el abuso sexual, la infidelidad, las drogas, el alcohol, la intolerancia, la violencia, el crimen, la destrucción de la naturaleza, la incomprensión, el racismo, la arrogancia, la avaricia, la crueldad, el egoísmo, la venganza… el caos.

Se escuchaba porque nuestros oídos estaban más acomodados al silencio. Era la posguerra española y mundial.

En la ausencia del Arte sangraba la belleza y se consumía el deseo de libertad y de expresión. Nacía la rebeldía interior.

Eran los años de mi infancia en aquel pueblecito castellano de Mohernando, donde nací. Mis travesuras superaban la estrategia de los cuadros más abstractos, a los seis, siete años de edad, recuerdo una noche de invierno, con otra compañera de colegio, dejamos a oscuras el pequeño pueblo de unos trescientos habitantes, rompimos las bombillas a pedradas y, la oscuridad barnizada de la luna, envolvió dulcemente las casas de adobe. Durante más de un mes, el Sr. Alcalde, que era mi padre, estuvo tratando de encontrar a los culpables.

Ahí nació mi culpabilidad interior.   Por lo demás, mi infancia fue feliz porque viví intensamente las actividades de mi pueblo, participé en las ya casi olvidadas matanzas en la casa de mi abuela, recuerdo las mulas, los apeos del campo, el delicioso rito de la trilla en las eras que eran como el centro mágico de un laberinto por donde pasábamos la familia participando todos en las faenas de las cosechas.  La siega, la vendimia, los hazes, los carros, la hoz, los segadores que llegaban de otros pueblos más pobres para ganarse el jornal.

Me asombro de haber perdido tanto en menos de cuarenta años. Aquellos vocabularios del pan y las artesas. De la uva y los cocederos. Aquellos caminos llenos de polvo, cargando a pleno sol los botijos de agua fresca para los segadores. Porque la fuente estaba lejos o porque había que llevar la mejor comida a los hombres del campo. Y los olivares, y los molinos, y los hornos, y los colchones de lana y las cocinas de leña y las praderas cerca del lavadero donde extendíamos las sábanas para que el sol con su mano de dios las blanqueara. Las más niñas, íbamos a regar esa ropa y veíamos cómo se llenaba la pradera de flores debajo de las sábanas…

Nos comunicábamos con las cosas y las cosas nos daban tiempo y el tiempo nos daba una alegría reposada y no teníamos teléfono, y no mirábamos televisión, y no leíamos periódicos, el alguacil cantaba por las calles los pregones y sólo en mi almohadilla, llena de alfileres, había una cierta prisa, mis manos agitadas movían los bolillos muy deprisa para terminar antes la hora de las tareas obligadas.  El tiempo me empujaba a buscar el espacio de los juegos. Pero aquellos encajes aún guardan el tormento de mi rebeldía.

La comunicación era continua, no tenía ni principio ni fin, en aquel pueblo donde nací. Todos éramos familia, la de mi madre y la de mi padre. Mis tíos me mimaban, todos íbamos a la iglesia juntos y también al baile, yo tenía unos nueve años cuando oí por primera vez la radio. Fue emocionante, tal vez allí me di cuenta de lo fascinante que es vivir recreando el mundo, saber de otros lugares, oír otras voces.

Pero lo que recuerdo con mayor nitidez, son las películas de cine mudo que un día por semana nos llevaban al pueblo. O los títeres ambulantes que pasaban unos días divirtiéndonos y era como una fiesta recibirlos.

Allí viví hasta los doce años. Y me vienen imágenes, como aquella, mi padre sentado en nuestra casa humilde, escribiendo versos sencillos con rimas desordenadas, cuando algún amigo suyo había muerto. Luego yo recitaba sus versos en el cementerio y la gente lloraba. O cuando había alguna fiesta, mi padre rimaba y rimaba y otra niña del colegio y yo leíamos lo que él quería hacer con tanto amor, quedándose intelectualmente en el ripio.

Con mi ánfora llena de recuerdos y de cables invisibles que ya me conectarían para siempre a Mohernando. Cambié de lugar. Mis padres compraron una finca a unos veinte kilómetros, un llamado Sopetrán y allí volví a nacer.

La comunicación me conectaría al futuro. Y el futuro tendría otro significado.

Todo lo que había compartido anteriormente con otros, esa comunicación Inter.-personal ya había enriquecido mis doce años de vida.

A partir de ahí, todo a mi alrededor estaría muy unido al silencio, porque Sopetrán era un monasterio benedictino en ruinas, entre sus ancestrales muros mi padre hizo la casa familiar y en familia viví hasta casi los 22 años. En este romántico lugar, alrededor de su claustro, sus olmos, sus choperas, conocí el miedo, los grandes silencios y descubrí la poesía.   Allí empecé a escribir.

La comunicación fue intrapersonal en esta época de mi vida, de transmisión interna con rumbo hacia esos recovecos privados de los sueños.

Allí empecé a escribir y a estudiar. Allí conocí también la televisión. Si yo soy la suma de mi propia historia, quiere decir que soy única, como cada uno de los aquí presentes lo son. Así lo escribí en uno de mis breves poemas, tal vez el más serio de mi adolescencia.

 

Lo titulé alpha y omega

 

Debajo de una estrella

Está el árbol, la tierra,

La inquieta mariposa

Abajo, más abajo,

Está el agua y la perla

Y detrás de la tierra,

más abajo

Está otra vez la estrella.

Así me fui dando cuenta que yo era el producto de todas las cosas que había leído antes, oído, sentido… mamado. Era el producto de los rumores y las voces de la naturaleza que comunican vida al alma e influyen en la conducta y transcienden al cultivo de los valores espirituales.

Viví mi pubertad como una auténtica anacoreta, en los atardeceres paseaba el claustro en ruinas, los arcos toscanos me hablaban, las calaveras de los monjes invitaban a la meditación y el miedo me dio una fuerza diferente. La profesora del pueblo me fue prestando libros que en las noches de invierno leía a la luz de una vela, porque no teníamos luz eléctrica, mi padre hizo nuestra casa entre los muros del monasterio y así empecé a escribir los primeros inicios del verso, imitando un poco o un mucho a mi padre y ayudado a mi padre en las tareas de la casa.

Mi espíritu inquieto no me dejaba en paz, junto al susurro del agua del molino de harina, encontraba un gran aliento. Sobre todo cuando el cartero me traía quince o veinte cartas diarias, intercambiaba sellos, estampillas, con la gente más dispar.

Empecé a publicar en el periódico local una serie de entrevistas con la vida rural, al saber mi padre de estos trabajos publicados, me prohibió que no volviera a escribir, me dijo que las universidades tenían que estar cerradas, que terminaríamos comiendo papeles y que todos tendríamos que trabajar en el campo para saber como nace y cómo se gana el pan. Estas ideas de mi padre me entristecieron muchísimo y un poco a escondidas yo seguí publicando con otro nombre, tanto prosa como poesía. 

Llegué a escribir con una linterna, porque mi padre me quitó todas las velas y quemó todos mis libros. Veía cómo ardían en la lumbre de paja y quise odiar a mi padre, pero algo no me dejaba hacerlo. Son recuerdos inolvidables… como ese otro día cuando llegó a casa el primer televisor, al mes de tenerla en casa, un día, comiendo en familia, estábamos todos mirando y mi padre muy enfadado dijo que no se ponía más, que nos entontecíamos mirando al aparato. Todos teníamos que hacer lo que él decía en casa, era el mandato del gran patriarca.  Todos… menos yo que empecé a llevarle la contraria.

Mi padre no había estudiado apenas nada, pero era un observador de la naturaleza, un auténtico ecologista, un agricultor enamorado de su profesión. Sus discursos podían durar días y noches y no terminaba nunca el tema.

Un día le plantee mi deseo de marcharme a Madrid, porque quería continuar mis estudios. Me dijo que lo pensara, me dio una noche para tomar la decisión, que si me iba no contara con él para nada, si me quedaba en casa me instalaría una granja de gallinas para que yo la administrara. Al día siguiente le dije que me iba a Madrid. Y me fui, en contra de toda mi familia, tíos, tías, primos… Descubría que yo era la oveja negra de la familia, me tachaban de caprichosa de no saber lo que quería realmente. Tuvieron que dejarme por imposible. Conseguí una beca, aprobé unas oposiciones, alquilé una chabolita en un viejo patio y hasta me compré el pequeño SEAT 600.

Iba a mi casa a ver a mi madre. Con mi padre estuve sin hablarle bastante tiempo. Muchas veces he pensado si nuestro continuo enfrentamiento nos ayudaba a comprendernos mejor en la distancia.

Nunca le oí a mi padre decir algo bueno de mi, ni cuando me dieron el primer premio literario, ni cuando he publicado un libro con mi propio esfuerzo, todo estaba mal, todo lo que hacía en mi vida era, sería inútil para él.

Más tarde, visité California y lo que eran unas simples vacaciones, se convirtieron en 12 años, me quedé a vivir allí, mi padre tuvo más razones para poner el grito en el cielo contra su hija, pero mi madre empezó a escribirme casi semanalmente una carta. Otras vez los medios de comunicación alentaron mi vida. Por ella sabía de Sopetrán como algo definitivamente arraigado.

Un día estando viviendo en Menlo Park, supe que mi madre no se encontraba bien de salud y empecé a pensar en mis padres ardientemente. Me sentía culpable de muchas cosas aunque no lo fuera de nada. Empecé a pensar que les iba a pasar algo, que si eran mayores, que si me necesitaban, y sin pensarlo demasiado, lo dejé todo de nuevo y regresé a cuidar a mi madre que afortunadamente mejoró su salud a mi regreso. Regresar fue un nuevo renacimiento. Otra   etapa en la que todavía me encuentro. Reconozco que he perdido muchas cosas. Pero también he ganado otras. Regresar a Sopetrán ha sido para mi, reencontrarme con mis propias raíces, con aquellas soledades donde empecé a escribir, disfrutar, no de la vejez, sino de la ancianidad de mis padres.

Cuidarlos. Ir cada mañana desde Guadalajara a 22 Km. para hacerles la comida y ver cómo el tiempo transfigura conceptos.

Mi padre sigue llevándome la contraria pero ya no apostamos a ganar o a perder. Ahora es muy distinto. La vida es muy breve y ellos se van y yo también y todos nosotros partiremos dejando muchas cosas que nos interesaban pero que no valen tanto como un beso, una sonrisa, una atención de última hora…

Veía cómo mi padre quería dar un garrotazo a la televisión, porque decía que la miramos como seres atontados. Y por primera vez empezaba a darle la razón, algo estaba pasando en mi.  

Las imágenes, la cantidad de imágenes, nos han convertido en seres indeseables, no sabemos a qué ventana mirar, la prisa y el deseo de estar en todo no nos deja estar en nada.

Las comunicaciones no han mejorado nuestra sociedad, nuestra calidad de vida, nuestra civilización. Por el contrario, padecemos más hambre, tenemos más sida, mas distancia entre unos y otros, más divorcio, más violencia…

Utilizamos las palabras desordenadamente, cambiamos la semántica, confundimos los símbolos… utilizamos los significados y hasta hacemos campañas de una solidaridad teóricamente bella, pero prácticamente falsa.   Y lo más importante de todo es que dejamos de lado el Amor.

Muchas veces, lo confieso, me he sentido extraña en mi propia familia, y no sé de qué generoso origen se concreta el Amor hacia ellos en mi sentimiento.

Porque reconozco que a veces, muchas, la familia es una crueldad, pero no podemos existir sin ella, cada paso nos conecta a sus virtudes y a sus defectos. Cada momento nos comunica con su esencia. La familia es el medio más constante de comunicación y, siéndolo, vemos cómo se rompen los hilos, su fragilidad, va unida a nuestra propia materia.

En mi caso, y en mi familia, el medio de comunicación más decadente he sido yo misma que les he llevado siempre lo de fuera.  En mi hogar la televisión no ha tenido nunca importancia, los periódicos apenas se han leído, la radio no se ha escuchado demasiado, pero cuando yo llego cada mañana, llegan todas las noticias, todo el alboroto, la paz se rompe y al rato todo huele a comida casera.

Mientras cocino, mi padre se pasea y me repite todas las cosas malas que hice en la vida, cosas tan horribles como tener amistades, buscar la comunicación, cosas que hice, hago y haré durante toda mi existencia. Le contesto amablemente a sus argumentos. Pero no me escucha. Es como si la pantalla se llenara de nieve… Le digo que voy a plantar 800 cipreses en la finca, que ya los he plantado, se pone furioso, le invito a verlos, son pequeñitos,  no he pagado dinero por ellos, a cambio he dado unas cuantas clases de inglés, pero sé que cuando sean grandes, la tierra habrá elevado su espíritu con su belleza.

Me dice que estoy loca y con su garrote rompe uno de ellos… para llevarnos la contraria un día más. Entiendo su cólera, soy una mujer, soy su fracaso, su frustración. Él quería verme casada con un agricultor, con diez o doce hijos agricultores, pero me fui de casa, eso no me lo perdona. Y yo le miro con cariño, es mi padre, ¿qué puedo hacer? Le vi siempre enamorado de mi madre. Sí ellos se amaban, se han amado hasta el final. Y yo sé que he de perdonarlo todo porque siempre vi en ellos el Amor y eso sí que es comunicar en directo.

Hablamos un poco más alto, porque nacimos en España, el país donde todo el mundo habla a la vez y nadie se escucha.  Pero de repente se hace el silencio y surge una especie de libertad, de belleza interior que nos purifica. Y es ahí donde sabemos si estábamos informados.

Y es que en el fondo nos parecemos a las familias neolíticas que gustaban de un lugar fijo, mis padres no quieren cambiar nada, todo está igual que cuando se casaron, me refiero a los muebles de la casa, por ejemplo. Y yo me pregunto: ¿Es esa salvaje tradición la raíz del Arte? Así explico muchas veces mi poética que no es de ninguna manera, célula independiente de mi grupo social, sino célula comunicativa de mi propia herencia.

Si en mi poesía existe algún tipo de dulzura, es porque está asociada a este Amor de mis padres. Lo que menos importa en ella es mi personalidad, lo que más, toda esa emoción colectiva de una larga y muy conservadora familia, sin la cual, nunca hubieran nacido tales metáforas o tan profundo sentimiento. La música del poema es otra cosa, la música tal vez, emana de la rebeldía.

Y es por eso que me siento una poeta muy primitiva, escribo, emito mis colores hasta donde puedan llegar, pero no los vendo, los doy y van hasta donde llegan por sí mismos. De igual manera me ha sucedido con otras cosas, por ejemplo la revista AZB… Pero la cultura no vende ejemplares en estos tiempo de publicidad masiva, de engañosos éxitos.

Mucho más podremos hablar de este tema los aquí presentes.

Terminaré diciéndoles que creo hemos acelerado el tiempo, que nos estamos empujando unos a otros y que ya no sabemos ver porque nos hemos dejado los ojos, los oídos, la vida, en las pantallas de cada día, noche y momento.

La familia tiene que reaccionar ante los medios, porque de lo contrario los medios se tragarán a la familia. Nosotros, los poetas, los hijos maltratados por el Amor, los padres dominadores de los hijos, los supervivientes, los comprensivos, los lectores, los que creemos en la luz que aparece cada mañana, creo que tendríamos que vencer este azufre, para salvar a este mundo.  ¿Y qué podemos hacer tú y yo con estos niños que ya no son niños sino auténticos botones automáticos de los medios?

¿Cómo explicarle a la familia que se puede vivir sin publicidad, que tiene unos valores por desarrollar y que están a su alcance sin ayuda de medios? Cómo enseñar el Amor, el silencio, la creatividad sin ayuda de máquinas? ¿Cómo volver a la naturaleza? ¿Cómo enseñar a sonreír sin doblez? ¿Cómo salir limpio de un basurero? Termino con tres ejemplos muy cercanos de hace sólo una semana y que a mi me han hecho pensar:

Una amiga, vino llorando a casa, triste, conmovida, llena de problemas familiares, madre soltera, dominada por su familia. Escuchándola dijo algo parecido a esto: “Soporto a mi familia, gracias a la televisión que está las veinticuatro horas encendida. Así no hablamos entre nosotros. Comemos con la televisión, descansamos con la televisión, nos reímos con la televisión, imitamos todo lo que dicen en la televisión, comemos las recetas de la televisión y repetimos los anuncios graciosamente…”

Yo estuve todo el día buscándole la gracia y me sentí muy triste.

 

Un segundo ejemplo fue un niño, hijo de un amigo mío de diez años, un muchacho espabilado, simpático, fui a su casa y le vi tan nervioso que me llamó la atención, le pregunté qué le pasaba y casi no podía explicarme, me dijo:

“Es que le tengo que dar de comer, es que va a llorar, es que de mi depende su vida, no puedo dejarlo un instante”

Llevaba una especie de reloj en la mano, era un tama-gochi. En ese momento llegó un amigo suyo, le dijo que si se iba a jugar con él, entonces el hijo de mi amigo más nervioso todavía, le dijo que no, que tenía que cuidar a su mascota. Su amigo no podía entenderlo, era más importante su mascota mecánica que él, ya no volvería a buscarle nunca más, ya no sería su amigo y se fue solo suspirando de rabia y pensando que también él debía comprarse un tama-gochi.

Cuando vi al padre del primer niño, le dije que no le permitiera jugar tan seguido con el aparatito, el padre me dijo que no podía hacer nada por él, que eso le dejaba callado.

El tercer ejemplo fue con una familia de aproximadamente mi edad, un matrimonio que había instalado en su aparato el sistema digital. El cabeza de familia, sin saludarme, obsesionado, o canalizado en su obsesión, empezó a hacer exhibición de los más de doscientos programas que podía ver de un tirón, con el mando empezó a pasar de uno a otro a una velocidad vertiginosa…

Le dije o le intenté decir algo, pero con una palabra me mandó a pasear a la radio. Me preocupó su ansiedad, su búsqueda de nada, su gran vértigo virtual…  Por un momento le dije que parase su mando que estaban emitiendo una ópera y quería saber desde dónde lo emitían… Y me contestó bruscamente.  ¿Estás loca. A quién le interesa hoy eso?  Y me aseguró que lo digital es para moverse, no para quedarse en una estación…

 

CONCLUSIÓN

 

La experiencia que os he contado es muy sincera. Parte del corazón, de ese latido que trasciende y es también inteligencia, emoción, voluntad. Del corazón nace el Amor, del Amor nacemos. Al Amor vamos y con amor forjamos nuestra personalidad. Esa personalidad que emite energía y perdona y olvida y se renueva constante porque pertenecemos al Universo y deseamos ser felices.

En mi último libro “El tiempo habitado” digo que sólo el Amor puede salvar al mundo de su hastío.  Y para ser felices tenemos que dejar de ser tan automáticos, tan preocupados por el “qué dirán” todavía. Creo que tenemos que pasearnos por el bosque y ver el árbol. Los valores DE LA FAMILIA PARTEN DE UNA EDUCACIÓN MEJOR DISEÑADA POR LOS GOBIERNOS. Una familia como la mía puede limitar y herir. Una familia opuesta a la mía puede ser un auténtico desastre. Nada sin sacrificio y Amor puede ser estable alrededor del hogar. Hay que buscar la paz y la reconciliación. La historia nos ha probado que gran prosperidad lleva a la pérdida de la moral y a la corrupción… pero también la pobreza nos estanca en los basureros. Tal vez es la Poesía, la Música, el Arte en general lo que puede ser nuestro salvavidas y ante esta creencia termino leyéndoles uno de mis poemas…de los no sé cuántos libros inéditos.

Agradezco la invitación, como poeta, como periodista, al darme la oportunidad de poder expresar y ser escuchada por todos ustedes. Deseo que mi lectura sea como un granito más de trigo que sirva para regenerar la Comunicación.

Julie Sopetrán

 


5 comentarios to “PROSAS Y COSAS”

  1. Muchas gracias por compartir. Besos.

  2. Gracias, una vez más por compartir. Te lo agradezco muchísimo, Arturo. Besos.

  3. […] https://eltiempohabitado.wordpress.com/prosas-y-cosas/ […]

  4. Thanks my friend. You too be well and carefull. Julie

  5. Hi Julie. Always so nice to hear from you. Thank you so much for liking my short story and my poems ‘ The Wooden Frame! The Body! Hell Cave! and The Carriage!May I wish you every success this year. Be Safe and Well. The Foureyed Poet.

Gracias por tus palabras

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